Éste blog nace a partir de una iniciativa familiar surgida en Facebook. Allí existe el grupo "Descendientes". No es nuestra intención provocar nostalgia por tiempos pasados o tristeza al recordar seres queridos que ya no estan. Tampoco se trata de vivir del pasado como pueden suponer algunos. Se trata de una auténtica y sincera necesidad que ha nacido en nosotros, los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz, de saber quiénes fueron nuestros abuelos, nuestros padres, saber, en definitiva, quiénes somos, de dónde venimos. Y esa necesidad, esa inquietud, se proyecta, inevitablemente, hacia el futuro, a las generaciones de nuestros hijos y nietos, ya que también ellos, algún día, querrán saber algo más de sus raíces. Para ellos y para nosotros escribimos ésta historia familiar.

viernes, 12 de mayo de 2017

DE TUCUMÁN A SOLANO. Una aproximación a las migraciones internas desde una perspectiva familiar.

Un breve prólogo.

Durante la investigación sobre la historia de mis familiares surgieron algunos interrogantes inquietantes: porqué tanto interés en saber sobre el pasado de las personas? De que sirve indagar en la memoria individual ? O incluso en la popular, como si la historia solo fuese materia de grandes hombres escrita por otros que así creen serlo.
Estoy convencido que detrás de cada persona, más allá de estar viva o muerta, ser mujer u hombre, humilde o rico, anónima o popular, existe una historia que lo sustenta. Es decir, un entramado de hechos, circunstancias, vivencias y pasiones que han configurado la existencia del ser humano. Y esa historia personal merece, a mi criterio, un relato que la saque a la luz, que la de a conocer, procurando así evitar el vacío y el olvido que provoca el irremediable transcurrir del tiempo. Es por ello que aquí se intentará reconstruir parte de las historias de vida de mi tío Domingo Antonio Díaz (Cacho), prestando especial atención a su arribo a San Francisco Solano y sus primeros años en esa localidad durante los años sesenta.
Desde esa perspectiva, personal y familiar a la vez, intentaremos una aproximación al fenómeno de las migraciones internas que tanto han tenido que ver en el poblamiento y crecimiento del conurbano bonaerense.

Raíces en el norte argentino

Pedro Donatilo Diaz, el padre de mi tío Cacho, nació el 30 de julio de 1908 en Belén, Catamarca y falleció en Tucumán el 01 de marzo de 1995. En algún momento de su niñez o adolescencia dejó de ser criado por su madre y pasó a vivir con la flia Andrada. Con esta familia se mudó a Santa Ana, Tucumán, en los años veinte.

Juana Torino, la madre de Cacho, nació en Tucumán el 7 de abril de 1909 y falleció el 1 de julio de 1972 en el hospital de Wilde, Avellaneda.

En un pueblo próximo a Santa Ana conoce a Pedro Díaz. Corría el año 1927 cuando Juana quedó embarazada. Tenía 18 años. Pedro uno más que ella.

En los años 30 y 40.

Mis tíos recuedan que, siendo ellos niños y adolescentes, vivían mudándose de pueblo en pueblo. Muchas veces su papá se ausentaba de la casa por tiempos prolongados. Es que Pedro era un trabajador "golondrina".

Los permanentes viajes de Pedro para obtener trabajo le hicieron conocer muchos sitios del Norte argentino. Alguna vez parece ser que trabajó en unas canteras de cal en Córdoba que le terminaron provocando serias quemaduras en los pies y en las piernas. Permaneció internado un tiempo pero su flia recién se enteró cuando regresó al hogar. Ese hecho pareció concientizar a Pedro que era necesario encontrar un trabajo que le permitiera a él y su familia llevar una vida más estable y "normal".

Los hijos de Pedro y Juana

La necesidad de contar con una residencia permanente, algo más amplia y confortable, además de un trabajo con cierta estabilidad, respondía a la realidad que vivían a fines de los años cuarenta.

Fueron trece los hijos de Pedro Díaz y Juana Torino. Pero solo ocho de ellos alcanzaron la adultez.

Justo Salvador fue el primer hijo, nacido a fines de febrero del 28.

En junio del 36 nace Lidia del Valle. Dos años después Luis Antonio(Lucho). En septiembre del 40 nace Mercedes(Mecha). En noviembre del 42 Mario Donatilo(Chicho). En octubre del 44 Juan Carlos(Pocho). En septiembre del 48 nace Domingo Antonio(Cacho).  Finalmente, en febrero del 52 nace Alberto Antonio(Tito).

La llegada a Bs. As.

La mayoría de los hijos de Pedro Díaz y Juana Torino viajaron desde Aguilares, ciudad del sur tucumano, hasta el sur del conurbano bonaerense, especialmente a San Francisco Solano. Allí se establecieron, formaron familia y desarrollaron sus vidas. ¿Cuántos sueños y miedos habrán traído con ellos? A que venían? Qué los motivaba? Sin duda el anhelo de alcanzar una vida con mayor bienestar familiar y posibilidades ciertas de crecimiento personal eran poderosas razones para emprender semejante aventura; nadie les regalaría algo, todo sería sacrificio, pero sentían en su ser la esperanza de hallar en la gran ciudad todo aquello que veían postergarse en su tierra natal.

Hemos dicho ya que Don Pedro Díaz era un trabajador "golondrina", que se ausentaba del hogar por largas temporadas y que ese "hogar" eran viviendas muy humildes y nunca propias ya que se mudaban con frecuencia de pueblo en pueblo.
Las familias, como la de mis abuelos paternos, solían ser muy numerosas a pesar de las terribles epidemias que diezmaban a la población infantil.
¿Porqué se daban estas situaciones de vulnerabilidad familiar?
El trabajador golondrina es aquel que se ve obligado a viajar a otras localidades o provincias en la búsqueda de trabajo.  En los años 30 y 40 comienza un acelerado deterioro del modelo agroexportador impuesto por la oligarquía argentina. Causa de ello es no solo la gran depresión económica por la crisis capitalista del 30 sino también por los cambios políticos y económicos evidenciados durante y después de la segunda guerra mundial.
Tratando de sintetizar: el interior agrario pierde protagonismo en la economía argentina, sus fuentes de trabajo expulsan la mano de obra y miles de argentinos dan vida al fenómeno socioeconómico conocido como migraciones internas.
El proceso industrializador iniciado con la sustitución de importaciones adquiere gran dinamismo en las grandes ciudades, especialmente en la cap fed y la costa litoraleña.
El peronismo dará prioridad absoluta a la defensa y promoción de la industria nacional y sus trabajadores, potenciando aún más la fuerza del movimiento migratorio que abandona el interior para radicarse en los grandes centros urbanos.
Sin embargo, las diversas olas migratorias no cesan aunque Perón ya no esté en el poder.
Durante los años sesenta el flujo de las migraciones internas será tan fuerte que en muchos sitios del conurbano bonaerense iran surgiendo asentamientos un tanto caóticos en su conformación que con el tiempo serán conocidas como villas.

En éste contexto político, social y económico se produce la llegada de mis tíos, desde Tucumán a Solano.
Algunos de ellos viajaron a Bs As siendo veinteañeros. Hubo algunas excepciones. Mecha llegó con solo 14 años, en 1954. Cacho tenía 13 años cuando llegó con su padre a Solano en 1961. Tito tenía 16 años cuando asistía al 4to año del secundario en la escuela Don Luis Piedrabuena, en 1968.

Pero antes de profundizar en esos primeros años de estadía en Bs As corresponde que mencionemos a un hombre fundamental de esa etapa en nuestra historia familiar.

Daniel Diaz era un primo de Pedro Diaz, de allí que todos los hijos de éste lo mencionen como "el tío Daniel". Si bien parece haber nacido en Jujuy, según su hija Irma, su niñez y juventud se desarrollan en la pcia de Córdoba. A principios de los cincuenta lo encontramos viviendo en las cercanías de la estación Gobernador Monteverde, Florencio Varela, trabajando en el mantenimiento de espacios públicos. A mediados de esa década ya se ha instalado con su flia en la vivienda situada en la calle Lafayette 419, localidad de Sarandí, Avellaneda. El alquiler de esa casa le permitía residir algo más cerca de su trabajo en el frigorífico "La Negra" situado en la Av. Pavón y las vías del ferrocarril, a orillas del Riachuelo, en Avellaneda.

En 1958 ya podemos encontrar al "tío Daniel" y su flia viviendo en San Francisco Solano, en la calle Alhelí 6512 -continuación de la 845-, a una cuadra de la actual Av 24 y a unos 300 metros de la estación ferroviaria. Pero..¿cómo llegan a ese lugar? Según relata una de sus hijas, Irma Diaz, actual ocupante de esa vivienda, su padre junto a un amigo fueron a ver unos terrenos en la localidad de Arturo Seguí. No regresaron de allí muy convencidos. Sin embargo, se enteran por terceros que se vendían terrenos accesibles en la joven localidad de San Francisco Solano, fundada apenas una década atrás.

Ya dijimos que Daniel Diaz se muda desde Sarandí a Solano con toda su flia. Importa destacar que entre esos familiares ya estaban conviviendo con ellos mis tíos Salvador y Luis. Así es como llegan mis tíos a Solano; y durante varios años esa casa en la calle Alhelí 6512 recibió y cobijó a todos mis tíos que llegaban desde Tucumán.

Los Diaz, Solano y el tren.

Muchas veces el ferrocarril ha cumplido la misión de unir pueblos ya existentes en el territorio, sacándolos de su aislamiento. En el caso de el tren que unía Avellaneda con La Plata debe decirse que el hombre pareció buscar refugio junto a sus vías: las ciudades crecieron protegidas por la majestuosa presencia de la vieja locomotora y sus vagones. El hombre respetaba y admiraba el ir y venir de sus formaciones. Pero no le temía porque el tren era su aliado en la conquista de un territorio qua a veces se mostraba hostil y primitivo. Sin duda alguna el ferrocarril que impulsó el crecimiento de Solano fue un actor principal en las vidas de mis parientes llegados desde el norte argentino. Aunque Solano evidenciaba un crecimiento pujante y sostenido todavía conservaba, bien entrada la década de los sesenta, ciertos aires rurales, reminiscencias de un pasado campestre y salvaje. Recuerda Irma Diaz que desde la esquina de su casa, a 300 mts de la parada del ferrocarril, mirando hacia la actual Av Monteverde, casi que se podía ver la luz de la locomotora impulsando el avance del tren. Su sonido era inconfundible y al escucharlo salía corriendo para viajar diariamente hasta Avellaneda, ya que aún concurría a su vieja escuela.
  Otro destacado recuerdo de esa época es el narrado por Cacho Díaz. Cuando el tren ya había pasado por la parada de Solano, marchando hacia el Norte, aproximadamente a la altura de la actual Av. San Martín, no había alcanzado aún gran velocidad ya que en esa parte de su trayecto las vías dibujaban una ligera curva. Entonces se podía ver caballos, con jinete y acompañante, que se acercaban peligrosamente al tren.
¿Se trataba acaso de delincuentes listos para abordar la formación, con el espectacular estilo de las películas de cowboys? No. Eran solidarios y valientes vecinos del lugar que transportaban pasajeros que no habían podido ascender al tren, de modo normal, en su parada oficial.

Cacho Díaz

San Francisco Solano y mi tío Cacho tienen casi la misma edad. Nacieron a fines de los años cuarenta, durante el peronismo. Solano en el sur del conurbano bonaerense; Cacho en Aguilares, en el sur de Tucumán. Pero sus existencias estaban destinadas a cruzarse y el encuentro se produjo en el año 1961. Pedro Díaz viaja desde Tucumán a Bs As y es acompañado por uno de sus hijos menores, Cacho, de 13 años de edad.
Traerlo a su hijo era como una especie de regalo por la finalización de su escolaridad primaria. Pero al parecer su estadía en Bs As solo sería por pocas semanas, quizás durante el verano.
Pero Cacho no tenía interés en regresar. Se sentía fascinado por la vida en Solano y en la capital federal. Fue crucial entonces la intervención del "tío Daniel", quien le había prometido que le conseguiría un trabajo para no tener que regresar con su padre a Tucumán. Y la promesa fue cumplida. Su primer trabajo fue en una panadería de Avellaneda.

Varios de sus hnos mayores ya residían en Solano y es probable que para ese año 1961 ya no tenían que pasar prolongadas temporadas en lo del "tío Daniel". Salvador y Luis habían comprado un terreno en la calle El Pato, entre El Tordo y El Mirlo, a unas 8 cuadras de la Av. 24. Aunque al principio solo era una casilla humilde y la zona estaba muy despoblada, el lugar iría adquiriendo cada vez más importancia en la historia familiar de los hnos Díaz.

En 1965 Mecha Diaz se instala allí por un tiempo con su hijo Ricardo, un bebé de pocos meses de vida. Ella administra un pequeño negocio, una especie de kiosko. Este dato es importante destacar porque derivará en un hecho crucial en la vida de Cacho: conocer a la futura madre de sus hijos y su compañera de toda la vida.
Carmen Amarilla vivía enfrente de la casa de la calle El Pato. Tenía 14 años y en una de las tantas veces que se cruzó para comprar algo en ese negocio lo conoce allí a Cacho.
Tres años después, en 1968, se casan.
Al año siguiente, en enero y en diciembre, nacieron, respectivamente, Marcelo y Sergio.
En ese tiempo de sus primeros hijos los encontramos viviendo en un pequeño departamento de Capital. Cacho trabaja en una portería. Pero no es del todo feliz. Necesita volver a Solano. Extraña la familia, los amigos, los partidos de fútbol en los potreros.
Regresaran a Solano y años después probaran suerte en Tucumán. Pero esa es una historia que en otra oportunidad será escrita.

domingo, 10 de febrero de 2013

RICARDO VALLEJO

Hijo de Mercedes Diaz y Bernardino Vallejo, nace en el año 1964.
Por un tiempo, quizá breve, recuerda Ricardo que concurre a la Escuela N¤ 32 de San Fco Solano durante un turno intermedio. Sin embargo, la mayor parte de la escuela primaria la realizó en el turno tarde de la escuela ya mencionada.
Quizá esto constituya una de las primeras curiosidades que podremos apreciar en la vida de Ricardo; curiosidades que lo iran distinguiendo como persona. ¿A qué me estoy refiriendo? Al hecho de haber concurrido a una escuela ubicada en el centro cívico de Solano cuando existian otras instituciones educativas más próximas a la casa de sus padres.
Sin duda en la elección de la Escuela 32 tuvo mucho que ver el hecho de que Ricardo pasaba gran parte del día -probablemente días enteros- en la casa de la calle 892, a unas cuadras de la 844, dónde vivían su abuela Juana y varios de los tíos de Ricardo, en especial Luis y Salvador.
Cabe preguntarse entonces porqué Ricardo vivía más con su abuela y sus tíos, lo que constituye de por sí una particularidad en estrecha vinculación con la ya mencionada anteriormente. Una posible respuesta, realista, que contempla la situación socioeconómica de su flia, diría que ya en los primeros años que él asiste a la primaria su mamá, Mecha, debe criar a varios hijos muy pequeños, nacidos entre el 68 y el 75.
Pero también es posible pensar que, sin dejar de lado la situación que se vive en su casa, Ricardo se siente realmente a gusto con los mayores, porque se aprecia en él una mentalidad despierta, distinta y un espíritu generoso, elevado. Hay en él algo especial que lo distingue. Quizás eso hace que Salvador le tome tanto aprecio y se convierta casi en un tutor de su sobrino.

En el año 1977 ingresa a la Escuela de Educación Media N¤ 2 Luis Piedrabuena, situada también en el centro cívico de Solano, enfrente a la escuela 32. Cursa aquel primer año en el turno tarde, seguramente como una especie de continuación del horario que tenía en la primaria, quizá como una manera de no sentir tan bruscamente el cambio inevitable entre la primaria y la secundaria.
Sin embargo, en los dos años siguientes concurrirá a clases en el turno mañana, recordando como situaciones anécdoticas cuando veían o escuchaban en la escuela los partidos del Mundial de Fútbol del 78, como así también veían por la madrugada los partidos que la selección juvenil de fútbol jugó en Japón en el 79, para luego tener que asistir a clases prácticamente dormidos, pero muy felices.

Ese año 1979 sería muy importante en su vida, ya que se concretó la posibilidad de su primer trabajo, cuando apenas si tenía 15 años de edad.
Sucedió que Ricardo tenía la posibilidad de hacer muchos de sus trabajos escolares con una máquina de escribir que había en su casa, por lo que llegó a desarrollar la capacidad de escribir llamativamente veloz.
Un día, estando Cacho Diaz, su tío, en lo de Ricardo, pudo apreciar su destreza con la máquina de escribir y le dijo porque no iba a la Municipalidad de Avellaneda y realizaba una prueba para ingresar a trabajar de empleado municipal.
Fue así entonces que se presentó a dicha prueba, diciendo, cuando se lo preguntaron, que nadie lo recomendaba para el trabajo.
Su capacidad para realizar diversas tareas administrativas enseguida fue advertida y lo ubicaron casi de inmediato en alguna oficina: había obtenido su primer trabajo.
Para poder trabajar sin inconvenientes tuvo que presentar una autorización de sus padres que lo habilitaba a trabajar pese a ser menor de edad. Si mal no recuerdo el relato de Ricardo, también quedó establecido que, por su condición de menor, sus remuneraciones serían depositadas en una caja de ahorro a nombre de su padre. ¿O eso fue en su próximo empleo?
Pero no sólo en los trabajos le pedían autorizaciones y documentación. También en el Piedrabuena le pidieron una constancia que acreditase su actividad laboral, para poder concurrir a clases en el turno vespertino.
Asi fue que en los años 1980 y 1981 asistió al Piedrabuena por las noches, lo cuál casi equivalía a ingresar a otro mundo, dónde la mayoría también tenía su laburito aunque también estaban los que habían repetido varias veces y los más "vagos", que suponían que en el turno noche la exigencia académica no sería tan elevada.

En 1981 un compañero de estudio, o del trabajo, le informó a Ricardo que en Coca Cola estaban incorporando personal. Se presentó a las pruebas de rigor y sin inconvenientes entró a trabajar en las oficinas porteñas de la famosa y multinacional empresa de gaseosas.

1982, año del conflicto bélico entre Argentina e Inglaterra por la disputa de la soberanía sobre las islas Malvinas, será un tiempo de creciente actividad, tanto laboral como educativa.
A la continuidad de su trabajo en Coca Cola se le suma su ingreso a la Universidad de Buenos Aires, donde sus intereses intelectuales lo orientaran hacia los estudios económicos.

1983 representará una bisagra importante en la vida de Ricardo.
Es incorporado a las Fuerzas Militares Argentinas para cumplir con el servicio de conscripción que la gran mayoría de los jóvenes de su edad deben realizar de manera obligatoria.
Cuando dejó su trabajo por estas circunstancias se le dijo que le conservarían las actividades específicas que él realizaba.
Sin embargo, en 1984, cuando salió del Servicio Militar Obligatorio, al reincorporarse al trabajo se encontró con que la estabilidad prometida era pura farsa: lo tenían de aquí para allá y sólo hallaba evasivas cuando requería que le ofrecieran una cierta estabilidad.
Probablemente esta situación no se haya extendido demasiado en el tiempo: finalmente Ricardo renunció

Pero el año 1984 no sólo será conflictivo en el ámbito laboral.
Ricardo busca retomar sus estudios, pero se encuentra con una situación que en parte lo confunde y en parte le irrita.
Se está produciendo en toda su efervescencia la llamada primavera democrática que duraría los primeros años del gobierno de Raúl Alfonsín.
Las aulas y pasillos de las facultades públicas, en especial las de la UBA, explotan en banderas y manifestaciones de una militancia estudiantil, censurada por muchos años por la represión militar.
Sin embargo, este entusiasmo juvenil por los nuevos aires democráticos que recorren la Universidad, representaran un serio obstáculo para aquellos estudiantes que prefieren concentrarse en los estudios y no en la política.
Es posible que Ricardo haya pensado, que aquella situación en la que los profesores no podían dar clases por las interrupciones de la militancia estudiantil, se entendía por una mutación de las expresiones de libertad en otras más cercanas al libertinaje o la propia anarquía.
Si a esto le añadimos la impresión que se iba formando en Ricardo, cuando al volver por las noches a su casa, luego de complicadas horas en la Facultad, se encontraba en las esquinas con una "vagancia" que hasta hace no mucho tiempo antes no se veía, se comprende sus dudas sobre los reales beneficios
de la Democracia en aquel 1984 en que él fue un veinteañero con todas las ganas de aprender, viajar y llevarse el mundo por delante.

jueves, 26 de abril de 2012

CHARLA CON LIDIA (24 de Abril de 2012)

Desde el día que aconteció la muerte de mi papá, Pocho Diaz, y se hiciera más fuerte en mi la necesidad de indagar la historia de la familia, he procurado entrevistarme con todos los hnos Díaz tucumanos, de forma aislada y con la mayor tranquilidad posible, aunque esta última condición no siempre ha sido posible de lograr.

La entrevista con Lidia resultaba ser particularmente difícil de lograr por la distancia que separa las localidades de Aguilares, en Tucumán , y San Francisco Solano, en Bs.as. Lidia había regresado un tiempo después de la muerte de mi viejo, el año pasado. Pero otro de los inconvenientes a la hora de las entrevistas a los descendientes es, la limitación de tiempo libre que dispongo. Esa fue la principal causa que me impidió siquiera verla la última vez que vino a Bs. As.

En esta nueva oportunidad que se me presentaba no quería seguir prolongando mis lamentos. Conseguí gracias a mi prima Graciela el número de celular de Lidia, su mamá, y convenimos vernos en la casa de mis viejos. Me acompañaron mis 3 hijas. No obstante ello pudimos conversar algo más de dos horas. Lo que sigue a continuación es mi intento de dejar por escrito los principales recuerdos que tengo de esa charla con Lidia.

Lo primero que me dijo es que al escribir la respuesta a la carta que le enviara, preguntándole por su historia personal y familiar, inició un proceso mental por tratar de recordar su infancia y lo que no había vivido personalmente sino escuchado a través del testimonio de sus mayores. Contó entonces que su papá, Pedro Díaz, había nacido en Catamarca. En algún momento de la infancia o adolescencia dejó de ser criado por su madre, Genoveva Diaz, y pasó a vivir con la familia Andrada. No está del todo claro pero al parecer esa familia se mudó a Santa Ana, Tucumán, en los años veinte. Pero parece ser que ya no vivió con ellos. Lidia recuerda dos apellidos de familias que tuvieron vinculación con el Abuelo Pedro: López y Caliba. De su estadía con los Lopez resultó que algunos lo conocieran como "lopecito".

En un pueblo de las cercanías, La Tipa, conoció a Juana Torino. Corría el año 27 cuando Juana quedó embarazada. Tenía 18 años. Pedro un año más que ella. Dice Lidia que Pedro no quería saber nada con ir al servicio militar obligatorio, el cuál, por aquel entonces, debía realizarse a los 20 años de edad. Entonces buscó poner como excusa(lo que ciertamente no lo era sino la pura verdad) que esperaba un hijo. Sería interesante investigar y descubrir si sólo recurrió a esa "excusa" o si, en su anhelo de no ser llevado a la conscripción, llegó a casarse con Juana. Lo cierto es que debió cumplir con los militares de todos modos. Lo hizo en la Marina. No recuerda Lidia en que lugar geográfico fue exactamente pero si recordó que cuando Pedro volvía a Tucumán, por sus licencias, Juana le hacía bromas que tenía tonada o "aires" aporteñados.

Los años treinta debieron ser particularmente duros para la joven pareja y sus primeros hijos. Hay que contextualizar la época que vivieron. La gran depresión económica iniciada en Estados Unidos rapidamente pasó a ser una de las mayores crisis mundiales del capitalismo. No abundaba el trabajo y muchas veces esa coyuntura era aprovechada por los patrones para crear rigurosos sistemas productivos donde los trabajadores pasaban a ser mano de obra esclava. Hay que tener en cuenta que todavía no existía realmente una legislación protectora de los derechos de los trabajadores. Si tenemos presente todo esto podremos aproximarnos a comprender la vida que llevaban Pedro y Juana.

Varias veces Lidia resaltó que vivían mudándose de pueblo en pueblo y que muchas veces su papá se ausentaba por tiempos prolongados. Pedro era un trabajador "golondrina" (y ahora se me da por pensar si el nombre artístico que identifica a Lidia no tendrá alguna vinculación con esa condición viajera del pasado de su papá). Aunque así como algunos pájaros son enjaulados, Pedro también llegó a estar prácticamente preso de sus patrones. Esto es algo que ya conté en el blog pero en base a testimonios de Mirta Pastorino. El relato es básicamente el mismo sólo que Lidia lo ubica en una finca de San Juan y Mirta lo hacía en el Chaco. Ambas también coinciden en que Pedro conoció algun grupo aborígen trabajando en ese lugar y que de algun modo pudo escapar de ese sistema de cuasi esclavitud.

Los permanentes viajes de Pedro para obtener trabajo le hicieron conocer muchos sitios del Norte argentino. Alguna vez parece ser que estuvo trabajando en unas canteras de cal en Córdoba que le terminaron provocando serias quemaduras en los pies y/o piernas. Estuvo internado un tiempo pero su flia recién se enteró cuando regresó. Ese hecho pareció concientizar a Pedro que era necesario encontrar un trabajo que le permitiera a él y su familia llevar una vida más estable y "normal". Ya no eran sólo tres. Salvador fue el primer hijo, nacido a fines de febrero del 28. En 1930 había nacido Lidia Antonia y dos años después Miguel Rosa. 1934 sería un año realmente trágico para Juana y Pedro. CONTINÚA

miércoles, 14 de marzo de 2012

JUANA VALLEJO

Juana Vallejo, hija de Rosario Bernardino Vallejo y Mercedes Diaz, nació el 30 de marzo de 1975, aunque en el DNI fue anotada como nacida el 6 de abril. Sus padrinos son Alberto y Norma, "pero no recuerdo sus apellidos (creo que era Vizconti)". El primer recuerdo que tiene de su infancia es "mi primer día de clase en 1er grado cuando mi mamá me miraba por la ventana." Esa escuela era la Nº29, ahora llamada Pedro de Vega. Juana egresó de ella en 1987.

Cuando se le preguntó sobre la relación con sus hnos en su infancia/adolescencia contestó: "En la niñez hermosa, todo era de color de rosas; en la adolescencia me llevaba mejor con uno que otro." / Le preguntamos a Juana sobre posibles señales que evidenciaran pequeñas o grandes rebeliones. Contundentemente Juana responde: "Creo que nunca me rebelé contra nada". En lo que respecta a sus viajes a Tucumán, Juana contestó: "Me llevaron cuando era bebé y cuando tenía 12 años, la última vez cuando murió el Abuelo"

Al preguntarsele sobre los recuerdos infantiles que tenía de sus padres y sobre la manera que, hoy en día, los analiza sobre aquellos años de su infancia, Juana respondió: "Tengo los mejores recuerdos de mis viejos. Nos dieron todo lo que pudieron darnos, sobre todo, mucho cariño". Le preguntamos a Juana también sobre sus sentimientos, en especial el amor, durante su infancia/adolescencia: "Cuando tenía 11 añitos y tenía un noviecito; decepciones ninguna, y AMOR verdadero con mi esposo"

domingo, 4 de marzo de 2012

CONVERSANDO CON TITO DIAZ (20 Enero 2012)

El contenido mayoritario de la breve charla que tuve con Tito, el 20 de enero, en casa de mis viejos, lo pueden encontrar en la entrada(post) titulada ALBERTO ANTONIO DIAZ Y FLIA. Aquí les comentaré lo que recuerdo de los últimos tramos de esa conversación y algún dato aislado que diera Tito a lo largo de la charla. Vuelvo a reiterar que se hace imprescindible tener nuevas entrevistas que permitan despejar dudas o una profundización de los temas tratados en ésta única entrevista que pudimos hacerle a Tito Diaz. / Si mal no recuerdo, uno de los primeros trabajos que tuvo fue en el gremio(o en la obra social) de los floristas. Creo que la tía Eva, esposa de Luis Diaz, también trabajaba allí. Estuvo bastante tiempo en ese empleo y cuando le tocó hacer el servicio militar hasta creo que le habían prometido conservarle el puesto que desempeñaba. El servicio militar le tocó hacerlo en 1973, en Campo de Mayo. Pero antes, a mediados del 72 ocurrió uno de esos hechos que enlutó a toda la familia: fallece Juana Torino, su mamá. / Cada uno procesa la muerte de sus seres amados de las más diversas maneras. Tito la procesó tomándole mucho odio a todo lo que implicaba su estadía en Bs. As. Es por ello que cuando disponía de días de descanso casi no abandonaba las instalaciones de Campo de Mayo. Es que, a decir verdad, viajar en aquellos años desde allí hasta San Francisco Solano, resultaba ser muy complicado y agotador. Pero además, regresar a Solano traía el doloroso recuerdo de una madre que ya no lo esperaba. Todo esto derivó en su retorno a Tucumán, en el año 1974. / Entre los años 74 y 80 Tito volvió a vivir en Aguilares, Tucumán. Tenía 22 años en 1974. No sabemos aún si ya la conocía a "Yola" desde su infancia/adolescencia o si la conoció en aquel retorno a su tierra natal. Lo cierto es que su casamiento con ella originaría el viaje de sus familiares en Bs. As. a fines del 75, lo que daría lugar a la mayor reunión familiar que recuerden los Díaz-Pastorino-Vallejo. / No estamos seguros si fue el único empleo que tuvo en Aguilares, pero seguramente trabajar en la tienda Cheín fue el más importante empleo que tuvo en aquellos años de la segunda mitad de la década del setenta. En este momento no recuerdo si me lo dijo, pero es muy probable que tal puesto lo haya obtenido gracias a la intermediación de su cuñado Miguel Pastorino, dado que, y esto es justo destacarlo como ejemplo de solidaridad y amor familiar, siempre se preocupó por el bienestar de su suegro y cuñados. Por esos años ya funcionaba la fábrica Alpargatas, en el Barrio Santa Bárbara, convirtiendose rápidamente en una de las principales fuente de trabajo para los lugareños. La tía Yola había conseguido empleo en dicha fábrica. La empresa disponía de colectivos que trasladaban al personal desde sus barrios hasta su industria. Cuenta Tito que en uno de esos traslados el colectivo frenó de golpe, yendo la Tía a parar al piso. Esa situación determinó que perdiera su primer embarazo. Estima Tito que transcurría 1976, siniestro año en la historia argentina por el golpe militar del 24 de marzo que instauró la dictadura civico-militar más sangrienta y destructiva de la historia nacional. / Pero suele decirse que la vida da revancha, nuevas oportunidades y fue entonces que para el año 78 nació la primera y única hija de Tito y Yola: María Graciela. Hacia 1980 la situación socioeconómica empeoraba. La tía Yola tuvo que dejar su trabajo por una lesión en los tendones de la mano. Entonces Tito decide volverse solo a Bs As para tantear el terreno. Su ausencia provoca que Maria Graciela se enferme de cierta gravedad, por lo que Yola hace cargar todas sus pertenencias a un camión-flete y regresan a Bs. As. Aqui viviran un tiempito por la zona de Llavallol, probablemente en casa de parientes. Hasta que finalmente se mudan al terreno de la calle 852, entre 893 y 892. En un principio creo que Luis Diaz, dueño del terreno, vivía aun ahí con su flia y Tito con los suyos habían instalado una casilla en el fondo del terreno. Al poco tiempo, Luis se mudaria a su nueva casa, sobre la 877, relativamente cerca de la 835, de la Av. San Martín y del Camino Gral Belgrano, luego de venderle su anterior terreno a Tito. El último dato, por el momento, para esta historia de Tito Diaz y flia es el concerniente al trabajo que consiguió en la fábrica de chocolates Águila, en el barrio de Constitución de la Capital Federal, probablemente en el mismo año 80 en que regresaba a Buenos Aires. (continúa)

jueves, 29 de diciembre de 2011

CARLOS EDUARDO DÍAZ

Primer hijo de Juan Carlos "Pocho" Diaz y Bernarda Martinez. Nací el 5 de noviembre de 1971 en el Hospital Fernández de la Capital Federal. Mis padrinos de bautismo fueron Mario "Chicho" Diaz y Carmen Amarilla.

El 25 de febrero de 1974 me instalo con mis padres y mi hno Rubén Leonardo (que aún no cumplía el año de vida) en la vivienda que me cobijaría por casi 30 años, ubicada en la calle 854 nº 2128, entre 893 y 892, en San Francisco Solano, partido de Quilmes, pcia de Bs As.

Antes de cumplir 6 años de vida ya cuento con dos hnos más: Jorge Alejandro, nacido el 27 de julio del 75 y Javier Martin, nacido el mismo día que Ruben: el 3 de mayo, pero del 77.

Luego de un fugaz paso por la escuela 53 de Solano, en el turno tarde, inicio la escolaridad primaria en el turno mañana de la escuela 32 de Solano.

Siempre enamoradizo de mis primeras maestras, en 1981 comenzaría a prestarle atención a las niñas de mi edad. En particular recuerdo a una Silvia K que concurría también a 4to grado pero por la tarde.
Cuando se hacían los actos escolares, reuniendo a ambos turnos, era un momento propicio para admirar la belleza de aquella niña pelirroja de apellido complicado. Lo que sin duda permitió que mis sentimiento sobrevivieran ese año fue que Silvia K vivía a una cuadra de mi casa y la veía pasar con bastante frecuencia. Para 1982 los planetas parecieron alinearse, ya que mi vecina se cambió de turno y terminó siendo mi compañera por el resto de la primaria.

Sin embargo, lo que sentía por esa niña en aquellos años no podría decirse que era amor sino más bien algún tipo de aprecio/atracción que solía experimentar altibajos, no solo por ella sino también por varias de mis compañeras de aula. Es así entonces que, durante el 82, el 83, e incluso el 84, creo sentir aprecio/atracción por Karina P, Susana L, Karina V, Mabel M, y quizás alguna más que ahora escapa a mi memoria.
Quizás siempre se trató de experimentar la prueba y error para ir tanteando el terreno. Aunque, finalmente volví a prestarle atención a la primera persona que me había sacudido las estructuras hormonales, allá por el lejano 1981. Solo que ahora Silvia K había crecido fisicamente e intelectualmente, evidenciando una vez más una regla de la naturaleza humana: que las mujeres se desarrollan mucho antes que los varones.
Lo concreto es que terminaba el viaje de egresados a San Antonio de Areco y en el colectivo se estaban armando y desarmando parejitas de enamorados, con toda la ansiedad, los nervios y los miedos que implican esas instancias.
En estas situaciones también suelen aparecer los mejores amigos que logran sacarte el dato de quien es la chica que te gusta. Fue así que Silvia K se enteró, por intermedio de Adrian L,  mi mejor amigo, que alguien quería hablar con ella para decirle algo muy importante.

Las cartas estaban echadas y ya no había margen para retroceder, por lo cuál me tiré a la pileta de cabeza, solo que el destino se había ocupado de sacarle el tapón. Así de duro puede ser el rechazo de un amor no correspondido. Esta experiencia marcó profundamente
mis años adolescentes y juveniles:
Yo sabía que no era atractivo y que mi forma de ser me jugaría en contra. En mi defensa hay que decir que había nacido con un lunar en el cuello, que por tamaño y aspecto, condicionó enormemente la manera de vincularme con los demás.

Sería recién a mediados de octubre de 1999, luego de una operación que permitió deshacerme de tan pesada carga, que pude encarar la existencia de una manera más decidida y optimista. No sería casual que a los pocos meses de aquella operación comenzara a edificar la relación personal con mi futura compañera de vida y madre de mis hijas

Ese tiempo de educación primaria en la Escuela 32 de Solano transcurrió entre 1978 y 1984; es decir que la mayor parte de ese periodo fue durante la ultima dictadura militar argentina, desarrollándose su final en la recientemente recuperada democracia alfonsinista. Coincidentemente, en ese periodo y sus diferentes peculiaridades, se producira una gran transformaciön edilicia, dejando atras la escuela 32 su original disposición aulica para dar paso a un monumental edificio.
Es por esta razón que los dos últimos años de escuela primaria tuve que concurrir a la escuela de al lado, la número 53, la primera pública de Solano, ubicada en la esquina de la Av 844 y la calle 894.
Ahora que lo pienso fue cómo el cierre de un ciclo, la primaria, que se había iniciado justamente en esa misma escuela 53.
Ciertamente no era una escuela muy grande por lo que hubo que adaptarse a la falta de espacio, de comodidad y a la convivencia con su alumnado. Ello derivó en la instalación de aulas metálicas y, sobre todo, en la necesidad de dividir la asistencia a clases en tres turnos de 3 hs cada uno.

Expresé antes que era muy enamoradizo de mis maestras. Ello se dió, especialmente, de primero a cuarto grado, quizás por esa peculiar visión de los más pequeños dónde quedan embelezados por el encanto de las maestras, más aún si son -tal cuál me pasó a mi- jovenes, bonitas y dulces. Las maestras que me tocaron en los tres últimos años eran más maduras y si bien sus encantos ya no pasaban tanto por los parámetros que destacaron a las anteriores, fueron muy buenas conmigo y admiré su vocación de enseñanza.

lunes, 26 de diciembre de 2011

MARCELO LUIS ANTONIO DIAZ

Hijo de Cacho Diaz y Carmen Amarilla, nació el 9 de enero de 1969. Nos contó que el primer recuerdo que tiene de su infancia es "llegando a la casa que era de mi abuela Francisca, enfrente de la casa de Chicho (en la calle El Pato, entre El Mirlo y el Tordo.), un fin de año o navidad, que me presentaron a parte de la flia que yo no conocía".

Culminó sus estudios primarios en la Escuela 51, de Solano, Quilmes, en 1981. Cuando se le preguntó sobre sus primeras experiencias en el amor en su preadolescencia contestó: "como me gustaban casi todas mis compañeras y ninguna me daba bola, creo que eso de la desilución ya era costumbre, jaja!"

Con respecto a la relación con sus hnos en la niñez-preadolescencia Mara respondió: "Sergio en la infancia era mi otra mitad, decí que me pude separar a tiempo. En cambio con las chancles ya era el hermano mayor por la diferencia de edad".
Sobre la rebeldía en sus primeros años adolescentes dirá: "Supongo que como todo adolescente, a eso de los 13 o 14 años ya tendría algunas reacciones, pero la verdad es que nunca sentí la necesidad de mostrarme como rebelde. Por ahí mi mayor rebelión pasó por la música, porque por donde yo vivía, tendría que haber sido un cumbiero o un wachiturro, porque lo único que se escuchaba por ahí, en cualquier joda, reunión, o lo que sea, era cumbia. Y yo no me identificaba, ni me movía nada, y hasta no la toleraba. Ahora entiendo que era cuestión de gustos. Pero en ese entonces directamente me levantaba y me iba, no me cabía ni un poco. Y me encerraba a escuchar el Rock que tanto me gusta".

Como no podía ser de otra manera, también hablamos de música con Marcelo: "Con la pasión por la música se nace. Si te puedo decir que entre los estímulos más importantes, recuerdo de muy chico escuchar a mis viejos con un Wincofón. Y Cacho cantando temas de Serrat, Palito Ortega, Sandro, Nicola di Bari, y también mucho folclore, temas que los hacía en solo 2 notas, pero con una actitud envidiable. Después, en Tucumán, la escuchaba estudiar inglés a Mirtha con los discos de Los Beatles, y listo, eso directamente me marcó a fuego. Más tarde apareció Ricardo con algunos discos de Queen y sus anécdotas de cuando los vio en el 81 en Velez. Después el tio Tito me prestó Back in Black, de AC/DC. Y todo el rock nacional ochentoso que escuchábamos con Carlitos(Vallejo) y Sergio(Diaz), y tantas otras cosas que creo que puedo decir que a partir de ahí la música fue una especie de Religión que solo me dio felicidades."
Al preguntarle por su participación en bandas rockeras, Mara nos respondió: "Sólo participé en un par de bandas. Con un compañero del colegio Piedrabuena, Cono Tejeda, armamos LA DAMA, que luego pasó a llamarse SEÑAL ROJA. Eso fue del 87 al 92. Cuando nació Flor, pensé que podía dejar la música. Pero un par de años más tarde, en el 96, en casa de un amigo, Omar Rojas, conocí a Martin, buscamos a Dany y armamos Silver. Tocamos mucho y grabamos mucho, hasta 2002, creo. Después participé en Los Automáticos, banda de mi amigo Gustavo Armand, un par de años. Luego quize armar algo sin éxito, hasta que en 2007 Martin arma con Ema y Mariano, Harrisongs, y me invitan a unirme. Al año de eso vuelve Daniel de España, y lo obligamos a cantar en el grupo, y así seguimos hasta que Dios lo disponga. Obviamente estuve de invitado muchas veces, como cuando toque para nuestro primo Hernan "Capocha" Diaz, haciendo temas de Pappo, con Sergio Diaz, mi hno, como cantante. Fue tan malo que Hernán nunca más nos llamó, jaja!"

Marcelo también nos contó de su paso por el PiedraBuena de Solano : "En el Piedrabuena estuve desde 1982 hasta 1988, es que repetí en segundo año y abandoné el 3er año por laburo. La verdad es que muchas veces pienso que no logro recordar muchas cosas de esa época porque realmente la pasé tan, pero tan bien, que luego me costó muchisimo desprenderme de todo eso, que es como que hice una negación".
En efecto, ha sido tal la importancia de la Escuela secundaria Don Luis Piedrabuena en su vida que Mara nos cuenta con algo más de detalles su paso por dicha Institución educativa:

"Pasé siete años en el Piedrabuena, casi todos muy buenos. Empecé en el 82, creo que en el turno tarde. Me fue bien. Me hice algunos compinches, y también un par de peleas, una de ellas con un muchacho con el que hoy somos amigos. Se llama Marcelo Villarreal y fue sonidista en la época de Señal Roja".
"En segundo año me descontrolé y lo pagué caro porque me llevé tres materias, una de las cuales era Geografía con la Dubowitz. Yo creía que me odiaba y por eso repetí. Fue un golpe medio duro para mí porque no era tan mal alumno como para repetir, pero me confié de más"
"Al año siguiente (1984) hice segundo año nuevamente pero me pasé a la noche y ahí me encontré con mi hno Sergio. Ese curso era un desastre. Creo que el único que pasó de año fuí yo; el resto repitió, incluido Sergio. ¡Demasiada joda!"
"Seguí tercero y me topé con un grupo de compañeros que era bastante cerrado. No me llevaba bien con ellos. Igual yo había empezado a trabajar en el Diario Popular y medio que faltaba seguido, hasta que terminé abandonando el año".
"Al otro año (1986) volví a cursar tercer año, pero con todas las ganas y caí en una división donde todos estudiaban. Ahí conocí a varias chicas y chicos. Recuerdo a
un pibe que le decían Oli, que falleció hace unos años, porque durante el mundial del 86 nos juntábamos en su casa para ver los goles de Maradona. También de otro que le decíamos el Polaco, y había otro, medio amanerado, al
que siempre jodíamos y años después lo vi disfrazado de Locomía en Reflex junto a un grupo de amigos que salieron del Placard. La pasé bien ese año".
"Cuarto año también fue un grupo espectacular. Allí me encontré con mis amigos Hugo Tejeda y Pablo Pavone, y también iban otros como Arturo, Mónica Piane, Ricardo Yriel y otro muchacho, que tenía un jeep y se llama Richard, creo y otros de los que no recuerdo el nombre, pero que la pasábamos superbien. Dentro de lo desastrozo que fuimos igualmente pudimos organizar como tres o cuatro fiestas en Splay y otra en el Club de Leones para juntar guita para irnos de egresados".
"El quinto año (1988) fue terrible. Un descontrol total. Era entrar a clases y no parar de reir hasta que te ibas. Inclusive algunas veces solía volver a mi casa a las dos o tres de la mañana porque siempre la seguíamos en algún otro lugar. En esa época parábamos en American pool, o en otro que se llamaba el Rancho de Omar en la 844, también en "Un lugar diferente", que después fue La Base y, obviamente, en Reflex, dónde había pool e incluso un minicine. Sino íbamos a Goyo a jugar al ping pong o también podías terminar en el Rio de Quilmes jugando a las escondidas con las compañeritas"
"Realmente, en esa época pensaba que muchos de nosotros no pasaríamos la barrera de los 30. Por suerte me equivoqué. Ese año me llevé cinco materias. Pasé a duras penas y egresé con el título de Bachiller Pedagógico."
"En su momento, todo ese último año lo disfruté a pleno, quizás demasiado y luego por un largo tiempo extrañe mucho todo lo que fue el Piedrabuena para mí.
Recuerdo que hasta una década después que había terminado, tenía sueños en los que me encontraba jorobando con mis amigos, estando con alguna piba, o pensando que tenía que apurarme para no llegar tarde o estudiar cierta materia. ¡Algo muy LOCO!"

Con respecto a su ingreso en la Municipalidad de Avellaneda, Mara nos dice: " En la Muni, empecé el 2 de enero del año 87, con apenas 17 añitos, era cadete del Intendente Sagol. Casi vivía ahí, porque hacía muchas horas extras. O sea que por Gil, por no estudiar y querer trabajar de pibe, voy a regalar muchos años de descuentos jubilatorios. Igual, supe disfrutarlo". (continua)