Primer hijo de Juan Carlos "Pocho" Diaz y Bernarda Martinez. Nací el 5 de noviembre de 1971 en el Hospital Fernández de la Capital Federal. Mis padrinos de bautismo fueron Mario "Chicho" Diaz y Carmen Amarilla.
El 25 de febrero de 1974 me instalo con mis padres y mi hno Rubén Leonardo (que aún no cumplía el año de vida) en la vivienda que me cobijaría por casi 30 años, ubicada en la calle 854 nº 2128, entre 893 y 892, en San Francisco Solano, partido de Quilmes, pcia de Bs As.
Antes de cumplir 6 años de vida ya cuento con dos hnos más: Jorge Alejandro, nacido el 27 de julio del 75 y Javier Martin, nacido el mismo día que Ruben: el 3 de mayo, pero del 77.
Luego de un fugaz paso por la escuela 53 de Solano, en el turno tarde, inicio la escolaridad primaria en el turno mañana de la escuela 32 de Solano.
Siempre enamoradizo de mis primeras maestras, en 1981 comenzaría a prestarle atención a las niñas de mi edad. En particular recuerdo a una Silvia K que concurría también a 4to grado pero por la tarde.
Cuando se hacían los actos escolares, reuniendo a ambos turnos, era un momento propicio para admirar la belleza de aquella niña pelirroja de apellido complicado. Lo que sin duda permitió que mis sentimiento sobrevivieran ese año fue que Silvia K vivía a una cuadra de mi casa y la veía pasar con bastante frecuencia. Para 1982 los planetas parecieron alinearse, ya que mi vecina se cambió de turno y terminó siendo mi compañera por el resto de la primaria.
Sin embargo, lo que sentía por esa niña en aquellos años no podría decirse que era amor sino más bien algún tipo de aprecio/atracción que solía experimentar altibajos, no solo por ella sino también por varias de mis compañeras de aula. Es así entonces que, durante el 82, el 83, e incluso el 84, creo sentir aprecio/atracción por Karina P, Susana L, Karina V, Mabel M, y quizás alguna más que ahora escapa a mi memoria.
Quizás siempre se trató de experimentar la prueba y error para ir tanteando el terreno. Aunque, finalmente volví a prestarle atención a la primera persona que me había sacudido las estructuras hormonales, allá por el lejano 1981. Solo que ahora Silvia K había crecido fisicamente e intelectualmente, evidenciando una vez más una regla de la naturaleza humana: que las mujeres se desarrollan mucho antes que los varones.
Lo concreto es que terminaba el viaje de egresados a San Antonio de Areco y en el colectivo se estaban armando y desarmando parejitas de enamorados, con toda la ansiedad, los nervios y los miedos que implican esas instancias.
En estas situaciones también suelen aparecer los mejores amigos que logran sacarte el dato de quien es la chica que te gusta. Fue así que Silvia K se enteró, por intermedio de Adrian L, mi mejor amigo, que alguien quería hablar con ella para decirle algo muy importante.
Las cartas estaban echadas y ya no había margen para retroceder, por lo cuál me tiré a la pileta de cabeza, solo que el destino se había ocupado de sacarle el tapón. Así de duro puede ser el rechazo de un amor no correspondido. Esta experiencia marcó profundamente
mis años adolescentes y juveniles:
Yo sabía que no era atractivo y que mi forma de ser me jugaría en contra. En mi defensa hay que decir que había nacido con un lunar en el cuello, que por tamaño y aspecto, condicionó enormemente la manera de vincularme con los demás.
Sería recién a mediados de octubre de 1999, luego de una operación que permitió deshacerme de tan pesada carga, que pude encarar la existencia de una manera más decidida y optimista. No sería casual que a los pocos meses de aquella operación comenzara a edificar la relación personal con mi futura compañera de vida y madre de mis hijas
Ese tiempo de educación primaria en la Escuela 32 de Solano transcurrió entre 1978 y 1984; es decir que la mayor parte de ese periodo fue durante la ultima dictadura militar argentina, desarrollándose su final en la recientemente recuperada democracia alfonsinista. Coincidentemente, en ese periodo y sus diferentes peculiaridades, se producira una gran transformaciön edilicia, dejando atras la escuela 32 su original disposición aulica para dar paso a un monumental edificio.
Es por esta razón que los dos últimos años de escuela primaria tuve que concurrir a la escuela de al lado, la número 53, la primera pública de Solano, ubicada en la esquina de la Av 844 y la calle 894.
Ahora que lo pienso fue cómo el cierre de un ciclo, la primaria, que se había iniciado justamente en esa misma escuela 53.
Ciertamente no era una escuela muy grande por lo que hubo que adaptarse a la falta de espacio, de comodidad y a la convivencia con su alumnado. Ello derivó en la instalación de aulas metálicas y, sobre todo, en la necesidad de dividir la asistencia a clases en tres turnos de 3 hs cada uno.
Expresé antes que era muy enamoradizo de mis maestras. Ello se dió, especialmente, de primero a cuarto grado, quizás por esa peculiar visión de los más pequeños dónde quedan embelezados por el encanto de las maestras, más aún si son -tal cuál me pasó a mi- jovenes, bonitas y dulces. Las maestras que me tocaron en los tres últimos años eran más maduras y si bien sus encantos ya no pasaban tanto por los parámetros que destacaron a las anteriores, fueron muy buenas conmigo y admiré su vocación de enseñanza.









