Éste blog nace a partir de una iniciativa familiar surgida en Facebook. Allí existe el grupo "Descendientes". No es nuestra intención provocar nostalgia por tiempos pasados o tristeza al recordar seres queridos que ya no estan. Tampoco se trata de vivir del pasado como pueden suponer algunos. Se trata de una auténtica y sincera necesidad que ha nacido en nosotros, los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz, de saber quiénes fueron nuestros abuelos, nuestros padres, saber, en definitiva, quiénes somos, de dónde venimos. Y esa necesidad, esa inquietud, se proyecta, inevitablemente, hacia el futuro, a las generaciones de nuestros hijos y nietos, ya que también ellos, algún día, querrán saber algo más de sus raíces. Para ellos y para nosotros escribimos ésta historia familiar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

CARLOS EDUARDO DÍAZ

Primer hijo de Juan Carlos "Pocho" Diaz y Bernarda Martinez. Nací el 5 de noviembre de 1971 en el Hospital Fernández de la Capital Federal. Mis padrinos de bautismo fueron Mario "Chicho" Diaz y Carmen Amarilla.

El 25 de febrero de 1974 me instalo con mis padres y mi hno Rubén Leonardo (que aún no cumplía el año de vida) en la vivienda que me cobijaría por casi 30 años, ubicada en la calle 854 nº 2128, entre 893 y 892, en San Francisco Solano, partido de Quilmes, pcia de Bs As.

Antes de cumplir 6 años de vida ya cuento con dos hnos más: Jorge Alejandro, nacido el 27 de julio del 75 y Javier Martin, nacido el mismo día que Ruben: el 3 de mayo, pero del 77.

Luego de un fugaz paso por la escuela 53 de Solano, en el turno tarde, inicio la escolaridad primaria en el turno mañana de la escuela 32 de Solano.

Siempre enamoradizo de mis primeras maestras, en 1981 comenzaría a prestarle atención a las niñas de mi edad. En particular recuerdo a una Silvia K que concurría también a 4to grado pero por la tarde.
Cuando se hacían los actos escolares, reuniendo a ambos turnos, era un momento propicio para admirar la belleza de aquella niña pelirroja de apellido complicado. Lo que sin duda permitió que mis sentimiento sobrevivieran ese año fue que Silvia K vivía a una cuadra de mi casa y la veía pasar con bastante frecuencia. Para 1982 los planetas parecieron alinearse, ya que mi vecina se cambió de turno y terminó siendo mi compañera por el resto de la primaria.

Sin embargo, lo que sentía por esa niña en aquellos años no podría decirse que era amor sino más bien algún tipo de aprecio/atracción que solía experimentar altibajos, no solo por ella sino también por varias de mis compañeras de aula. Es así entonces que, durante el 82, el 83, e incluso el 84, creo sentir aprecio/atracción por Karina P, Susana L, Karina V, Mabel M, y quizás alguna más que ahora escapa a mi memoria.
Quizás siempre se trató de experimentar la prueba y error para ir tanteando el terreno. Aunque, finalmente volví a prestarle atención a la primera persona que me había sacudido las estructuras hormonales, allá por el lejano 1981. Solo que ahora Silvia K había crecido fisicamente e intelectualmente, evidenciando una vez más una regla de la naturaleza humana: que las mujeres se desarrollan mucho antes que los varones.
Lo concreto es que terminaba el viaje de egresados a San Antonio de Areco y en el colectivo se estaban armando y desarmando parejitas de enamorados, con toda la ansiedad, los nervios y los miedos que implican esas instancias.
En estas situaciones también suelen aparecer los mejores amigos que logran sacarte el dato de quien es la chica que te gusta. Fue así que Silvia K se enteró, por intermedio de Adrian L,  mi mejor amigo, que alguien quería hablar con ella para decirle algo muy importante.

Las cartas estaban echadas y ya no había margen para retroceder, por lo cuál me tiré a la pileta de cabeza, solo que el destino se había ocupado de sacarle el tapón. Así de duro puede ser el rechazo de un amor no correspondido. Esta experiencia marcó profundamente
mis años adolescentes y juveniles:
Yo sabía que no era atractivo y que mi forma de ser me jugaría en contra. En mi defensa hay que decir que había nacido con un lunar en el cuello, que por tamaño y aspecto, condicionó enormemente la manera de vincularme con los demás.

Sería recién a mediados de octubre de 1999, luego de una operación que permitió deshacerme de tan pesada carga, que pude encarar la existencia de una manera más decidida y optimista. No sería casual que a los pocos meses de aquella operación comenzara a edificar la relación personal con mi futura compañera de vida y madre de mis hijas

Ese tiempo de educación primaria en la Escuela 32 de Solano transcurrió entre 1978 y 1984; es decir que la mayor parte de ese periodo fue durante la ultima dictadura militar argentina, desarrollándose su final en la recientemente recuperada democracia alfonsinista. Coincidentemente, en ese periodo y sus diferentes peculiaridades, se producira una gran transformaciön edilicia, dejando atras la escuela 32 su original disposición aulica para dar paso a un monumental edificio.
Es por esta razón que los dos últimos años de escuela primaria tuve que concurrir a la escuela de al lado, la número 53, la primera pública de Solano, ubicada en la esquina de la Av 844 y la calle 894.
Ahora que lo pienso fue cómo el cierre de un ciclo, la primaria, que se había iniciado justamente en esa misma escuela 53.
Ciertamente no era una escuela muy grande por lo que hubo que adaptarse a la falta de espacio, de comodidad y a la convivencia con su alumnado. Ello derivó en la instalación de aulas metálicas y, sobre todo, en la necesidad de dividir la asistencia a clases en tres turnos de 3 hs cada uno.

Expresé antes que era muy enamoradizo de mis maestras. Ello se dió, especialmente, de primero a cuarto grado, quizás por esa peculiar visión de los más pequeños dónde quedan embelezados por el encanto de las maestras, más aún si son -tal cuál me pasó a mi- jovenes, bonitas y dulces. Las maestras que me tocaron en los tres últimos años eran más maduras y si bien sus encantos ya no pasaban tanto por los parámetros que destacaron a las anteriores, fueron muy buenas conmigo y admiré su vocación de enseñanza.

lunes, 26 de diciembre de 2011

MARCELO LUIS ANTONIO DIAZ

Hijo de Cacho Diaz y Carmen Amarilla, nació el 9 de enero de 1969. Nos contó que el primer recuerdo que tiene de su infancia es "llegando a la casa que era de mi abuela Francisca, enfrente de la casa de Chicho (en la calle El Pato, entre El Mirlo y el Tordo.), un fin de año o navidad, que me presentaron a parte de la flia que yo no conocía".

Culminó sus estudios primarios en la Escuela 51, de Solano, Quilmes, en 1981. Cuando se le preguntó sobre sus primeras experiencias en el amor en su preadolescencia contestó: "como me gustaban casi todas mis compañeras y ninguna me daba bola, creo que eso de la desilución ya era costumbre, jaja!"

Con respecto a la relación con sus hnos en la niñez-preadolescencia Mara respondió: "Sergio en la infancia era mi otra mitad, decí que me pude separar a tiempo. En cambio con las chancles ya era el hermano mayor por la diferencia de edad".
Sobre la rebeldía en sus primeros años adolescentes dirá: "Supongo que como todo adolescente, a eso de los 13 o 14 años ya tendría algunas reacciones, pero la verdad es que nunca sentí la necesidad de mostrarme como rebelde. Por ahí mi mayor rebelión pasó por la música, porque por donde yo vivía, tendría que haber sido un cumbiero o un wachiturro, porque lo único que se escuchaba por ahí, en cualquier joda, reunión, o lo que sea, era cumbia. Y yo no me identificaba, ni me movía nada, y hasta no la toleraba. Ahora entiendo que era cuestión de gustos. Pero en ese entonces directamente me levantaba y me iba, no me cabía ni un poco. Y me encerraba a escuchar el Rock que tanto me gusta".

Como no podía ser de otra manera, también hablamos de música con Marcelo: "Con la pasión por la música se nace. Si te puedo decir que entre los estímulos más importantes, recuerdo de muy chico escuchar a mis viejos con un Wincofón. Y Cacho cantando temas de Serrat, Palito Ortega, Sandro, Nicola di Bari, y también mucho folclore, temas que los hacía en solo 2 notas, pero con una actitud envidiable. Después, en Tucumán, la escuchaba estudiar inglés a Mirtha con los discos de Los Beatles, y listo, eso directamente me marcó a fuego. Más tarde apareció Ricardo con algunos discos de Queen y sus anécdotas de cuando los vio en el 81 en Velez. Después el tio Tito me prestó Back in Black, de AC/DC. Y todo el rock nacional ochentoso que escuchábamos con Carlitos(Vallejo) y Sergio(Diaz), y tantas otras cosas que creo que puedo decir que a partir de ahí la música fue una especie de Religión que solo me dio felicidades."
Al preguntarle por su participación en bandas rockeras, Mara nos respondió: "Sólo participé en un par de bandas. Con un compañero del colegio Piedrabuena, Cono Tejeda, armamos LA DAMA, que luego pasó a llamarse SEÑAL ROJA. Eso fue del 87 al 92. Cuando nació Flor, pensé que podía dejar la música. Pero un par de años más tarde, en el 96, en casa de un amigo, Omar Rojas, conocí a Martin, buscamos a Dany y armamos Silver. Tocamos mucho y grabamos mucho, hasta 2002, creo. Después participé en Los Automáticos, banda de mi amigo Gustavo Armand, un par de años. Luego quize armar algo sin éxito, hasta que en 2007 Martin arma con Ema y Mariano, Harrisongs, y me invitan a unirme. Al año de eso vuelve Daniel de España, y lo obligamos a cantar en el grupo, y así seguimos hasta que Dios lo disponga. Obviamente estuve de invitado muchas veces, como cuando toque para nuestro primo Hernan "Capocha" Diaz, haciendo temas de Pappo, con Sergio Diaz, mi hno, como cantante. Fue tan malo que Hernán nunca más nos llamó, jaja!"

Marcelo también nos contó de su paso por el PiedraBuena de Solano : "En el Piedrabuena estuve desde 1982 hasta 1988, es que repetí en segundo año y abandoné el 3er año por laburo. La verdad es que muchas veces pienso que no logro recordar muchas cosas de esa época porque realmente la pasé tan, pero tan bien, que luego me costó muchisimo desprenderme de todo eso, que es como que hice una negación".
En efecto, ha sido tal la importancia de la Escuela secundaria Don Luis Piedrabuena en su vida que Mara nos cuenta con algo más de detalles su paso por dicha Institución educativa:

"Pasé siete años en el Piedrabuena, casi todos muy buenos. Empecé en el 82, creo que en el turno tarde. Me fue bien. Me hice algunos compinches, y también un par de peleas, una de ellas con un muchacho con el que hoy somos amigos. Se llama Marcelo Villarreal y fue sonidista en la época de Señal Roja".
"En segundo año me descontrolé y lo pagué caro porque me llevé tres materias, una de las cuales era Geografía con la Dubowitz. Yo creía que me odiaba y por eso repetí. Fue un golpe medio duro para mí porque no era tan mal alumno como para repetir, pero me confié de más"
"Al año siguiente (1984) hice segundo año nuevamente pero me pasé a la noche y ahí me encontré con mi hno Sergio. Ese curso era un desastre. Creo que el único que pasó de año fuí yo; el resto repitió, incluido Sergio. ¡Demasiada joda!"
"Seguí tercero y me topé con un grupo de compañeros que era bastante cerrado. No me llevaba bien con ellos. Igual yo había empezado a trabajar en el Diario Popular y medio que faltaba seguido, hasta que terminé abandonando el año".
"Al otro año (1986) volví a cursar tercer año, pero con todas las ganas y caí en una división donde todos estudiaban. Ahí conocí a varias chicas y chicos. Recuerdo a
un pibe que le decían Oli, que falleció hace unos años, porque durante el mundial del 86 nos juntábamos en su casa para ver los goles de Maradona. También de otro que le decíamos el Polaco, y había otro, medio amanerado, al
que siempre jodíamos y años después lo vi disfrazado de Locomía en Reflex junto a un grupo de amigos que salieron del Placard. La pasé bien ese año".
"Cuarto año también fue un grupo espectacular. Allí me encontré con mis amigos Hugo Tejeda y Pablo Pavone, y también iban otros como Arturo, Mónica Piane, Ricardo Yriel y otro muchacho, que tenía un jeep y se llama Richard, creo y otros de los que no recuerdo el nombre, pero que la pasábamos superbien. Dentro de lo desastrozo que fuimos igualmente pudimos organizar como tres o cuatro fiestas en Splay y otra en el Club de Leones para juntar guita para irnos de egresados".
"El quinto año (1988) fue terrible. Un descontrol total. Era entrar a clases y no parar de reir hasta que te ibas. Inclusive algunas veces solía volver a mi casa a las dos o tres de la mañana porque siempre la seguíamos en algún otro lugar. En esa época parábamos en American pool, o en otro que se llamaba el Rancho de Omar en la 844, también en "Un lugar diferente", que después fue La Base y, obviamente, en Reflex, dónde había pool e incluso un minicine. Sino íbamos a Goyo a jugar al ping pong o también podías terminar en el Rio de Quilmes jugando a las escondidas con las compañeritas"
"Realmente, en esa época pensaba que muchos de nosotros no pasaríamos la barrera de los 30. Por suerte me equivoqué. Ese año me llevé cinco materias. Pasé a duras penas y egresé con el título de Bachiller Pedagógico."
"En su momento, todo ese último año lo disfruté a pleno, quizás demasiado y luego por un largo tiempo extrañe mucho todo lo que fue el Piedrabuena para mí.
Recuerdo que hasta una década después que había terminado, tenía sueños en los que me encontraba jorobando con mis amigos, estando con alguna piba, o pensando que tenía que apurarme para no llegar tarde o estudiar cierta materia. ¡Algo muy LOCO!"

Con respecto a su ingreso en la Municipalidad de Avellaneda, Mara nos dice: " En la Muni, empecé el 2 de enero del año 87, con apenas 17 añitos, era cadete del Intendente Sagol. Casi vivía ahí, porque hacía muchas horas extras. O sea que por Gil, por no estudiar y querer trabajar de pibe, voy a regalar muchos años de descuentos jubilatorios. Igual, supe disfrutarlo". (continua)

miércoles, 28 de septiembre de 2011

CHARLA CON MECHA DIAZ (27/09/11)

Hace pocos días, el 24 de septiembre, cumplió 71 años. Quizás algunos recuerdos comienzan a ser confusos o se desvanezcan en vaya uno a saber qué dimensión, o quizás cada vez sea más difícil establecer con precisión la fecha de los acontecimientos pasados, pero aún así la charla que tuve con Mercedes Diaz, mi tía Mecha, adquiere un valor extraordinario para quien escribe estas líneas, y es mi deseo que también lo tenga para todos los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz. / De sus años de infancia Mecha recordó que teniendo ya siete u ocho años de edad sus padres permitían que pasase varios días con unos abuelos o tíos de ella que vivían en la Colonia 14 de Villa Hilaret, también conocida como la localidad de Santa Ana, seguramente para que diese una ayuda en la vivienda de gente ya mayor y quizás también porque en Aguilares, en su casa, se hacía dificil poder alimentar a toda la familia. Recuerda que la casa de sus parientes en Santa Ana le daba una sensación de inseguridad en el sentido que era más abierta hacia zonas más despobladas, sensación que también sería alimentada por los relatos de hechos sobrenaturales que solían contar los lugareños, relatos que sin duda serían potenciados por la imaginación de una niña o de una preadolescente. Historias de brujas, o del "Familiar" eran parte del folckore local, a los que Mecha sumaría su atracción por los hechos asombrosos del firmamento. En ello contribuiría la costumbre que tenía su padre, Pedro Díaz, de sentarse en el patio o en la vereda para contemplar las estrellas. En esos tiempos en que la televisión era un bien para muy pocos sobraba el tiempo para detenerse a observar el cielo o la naturaleza que los rodeaba y dejar volar la imaginación. Y Pedro les señalaba un punto luminoso que se deslizaba entre las estrellas y les anticipaba que a tal hora volverían a ver otro punto deslizarse en otra dirección, y nadie les habría reprochado permitirse pensar que eran aviones, globos iluminados, satélites u ovnis. // En su narración Mecha recordó a sus hnos fallecidos, tanto a los que vivieron en Buenos Aires como a los que fallecieron en Aguilares, siendo apenas niños, recien nacidos o embarazos perdidos. Confirmó el dato que me diera Pocho alguna vez de que sus hnos fallecidos en los años previos e inmediatamente posteriores a su nacimiento eran varios, con la salvedad que Pocho creía que fueron cuatro, mientras que Mecha habló de cinco. Sin querer profundizar en hechos tan dolorosos nos llegó a contar que entre Salvador(1928) y Lidia del Valle(1936)nacieron dos niñas, una de ellas tambíen llamada Lidia, y un varón, que fue llamado Miguel. Luego, en 1946, entre los nacimientos de Pocho y Cacho, nació Pedrito, que murió a las pocas hs de vida y finalmente, entre Cacho y Tito, la abuela Juana habría perdido otro embarazo. / De Pocho recordó que era un excelente jugador de futbol y que tanto ella, como sus hnos y padres lo iban a ver jugar en unas canchas cercanas a su casa. Cuenta Mecha que Pocho era capaz de recorrer el campo de juego con la pelota casi atada a los pies. Y que sus gambetas bien podían ser consideradas un acto de provocación hacia el rival. Ello provocaba que el Abuelo Pedro, al verlo, se pusiera como loco y entonces, cuenta Mecha que Juana Torino le decía: "¡que te pones así si vos eras igual!". Para redondear este recuerdo Mecha agregaría que el gran complemento de Pocho en la cancha fue Chicho, su hno, y descomunal arquero, practicamente imbatible. / Sobre Pocho su hna expresó un calificativo que ya había escuchado anteriormente: que era un viajero, que un tiempo estaba en Aguilares, Tucumán, y al poco tiempo estaba otra vez en Solano, Buenos Aires. // (continúa en los comentarios)

miércoles, 27 de julio de 2011

1978-1984, segunda parte: escuela nº 32

Así recordaba, en un breve relato del año 1986, mis primeros años en la escuela 32: " La escuela nº 32 estaba ubicada en la cuadra comprendida entre las calles 844 y 845 y entre la 893 y la 894. En la cuadra de enfrente se encontraba el colegio secundario "Don Luis Piedrabuena. En la cuadra donde estaba la 32 también estaban la escuela nº 53, la maternidad, la salita, la municipalidad, otra escuela para niños con capacidades especiales, los Bomberos de Solano y, por último la policía. La escuela 32 era la que mayor espacio ocupaba".

Desconozco por el momento la fecha del nacimiento de la escuela, pero es probable que haya sido entre 1968, el último año que los alumnos del Piedrabuena ocuparon el actual terreno de la 32 y 1970, que según el relato de mi primo Ricardo Vallejo fue el año que él curso primer grado.

"Contaba con 14 aulas, la dirección, el gabinete y otros salones. Más o menos en el año 1980 se construyó la cocina, que también servía de quisco. En el fondo había una casilla donde vivía la portera. A pocos metros de mi salón de primer grado existian algunas instalaciones abandonadas que a parentaban ser antiguos baños".

PRIMER GRADO: "Ya casi no recuerdo aquellos días de mi primer grado. Me acuerdo que el aula se encontraba en la zona este de la escuela. Estaba junto a otra aula y ambas daban a una especie de patio interno donde generalmente jugabamos con la maestra.
Creo que en una oportunidad mi mamá se peleó con la maestra, pero después fue mi papá a la escuela y arregló el asunto. Ella se llamaba Evangelina, o algo así. Entre los amigos que recuerde o que todavía vea se encuentran: Laura, Karina Coronel, Velazquez, Aida, Susana Lopez y Karina Parra. Entre los varones a : Ánibal, Ramón, Cristian, Gabriel y Adrian Lombardo. / Durante ese año 1978 yo fui solo a la escuela. Bueno, es una forma de decir que mi hno Rubén todavía no iba a la escuela porque en realidad mis padres no me hubiesen dejado ir solo. / Entrábamos a la escuela por un portón que estaba frente a nuestra aula. Después que recitábamos la oración a la bandera en el patio central, volvíamos al salón y nos quedábamos fuera, en el patio, bien ordenaditos en fila, hasta que llegase la maestra. / Creo que me sentaba junto a la puerta con un pibe que ya no recuerdo su nombre. Todavía no había hecho buenos amigos. / En una oportunidad la maestra regalo caramelos y junto a éstos unos juguetitos. A mi me tocó un autito de carrera de fórmula uno que tenía el número 1. En ese tiempo era el campeón Niki Lauda, mi ídolo; yo estaba orgulloso de aquel auto. Tanto fue el celo de mis hnos menores que tuvieron que comprarles unos autitos también a ellos. Quizás la alegría más inmensa de ese año fue cuando Argentina salió campeona en el mundial de fútbol que se hizo en nuestro país." /

2º GRADO: "Éste año entrábamos a la escuela por otro portón. También comunicaba con la 844, sólo que ahora estaba más al oeste, a unos 10 metros de la "53". Al ingresar a la escuela se veía un inmenso patio(en la perspectiva de un niño de segundo grado) y casi en el fondo de él estaba el mástil. El aula que me tocó ese año estaba a escasos metros del portón de entrada y tenía una ventana que daba a la avenida 844. / Ese año de 1979 mi hno Ruben comenzó a ser mi compañero de viaje, ya que concurría al primer grado. En ocasiones tuve que dar la cara por él porque se ponía a llorar por cualquier pequeñez. / Mi maestra se llamaba Liliana; fue una de mis mejores maestras a la que aprendí a quererla. En ocasiones jugábamos con la maestra en el patio, pero ya no con tanta frecuencia como en primer grado. Con mis compañeros, uno de los juegos favoritos era el de los colores o el de la mancha. Recuerdo como me divertía cuando trataban de agarrarme y yo corría por toda la escuela, a una velocidad que no podían alcanzarme. Entre aquellos compañeros los que más se distinguieron fueron: Marisol Gonzalez, Segovia, Laura, Karina Coronel, Parra, Aida, Susana, Anibal, Almirón, Cristian, Cisneros, Gabriel y Ramón. Pero hubo un compañero que se convirtió en un verdadero amigo. Su nombre: Adrian Orlando Lombardo. En esos primeros años de escuela primaria comenzaría a gestarse una amistad extraordinaria." /-/

1978-1984, algunos recuerdos de la escuela primaria, por Carlos E. Diaz

Lo que sigue son algunos de mis recuerdos que quedaron registrados en unos primeros escritos a los que pretendía darles un formato de memoria novelada o ficcionalizada. Los escribí en el año 1986. Incluye una breve introducción, donde me posicionaba en ese presente de mis primeros años en la secundaria para mirar atrás, a los recientes años de escuela primaria y para mirar al futuro, a esos inciertos tiempos que habrían de venir./

Memorias de un Soñador : Introducción ; "Pienso que voy hacer cuando sea un poco más grande, no sé porqué, pero conseguir la respuesta se me dificulta. ¿Economista, Periodista o Escritor? Las tres profesiones me agradan pero cuando me pongo a pensar veo que la situación es difícil. ¿Porqué la economía? Tal vez porque sea la que con mejores perspectivas se me presenta: me gustan las matemáticas; recuerdo que en una oportunidad mi padre me preguntó que carrera iba a seguir estudiando y yo le respondí que la misma que Ricardo, mi primo: Ciencias Económicas. Mi padre me dijo que estaba de acuerdo, que era la mejor que pude haber elegido. Otra razón era la ya mencionada: mi primo Ricardo era como un ídolo para mí y yo trataba de seguir sus pasos. / Él había ido a la escuela nº 32, como yo, y luego siguió la secundaria en el colegio Piedrabuena, dónde concurro actualmente. Y después fue a la Facultad de Ciencias Económicas. / ¿El Periodismo? No sé. Puede ser porque se vincula con las letras. / ¿Y el ser escritor? La verdad que yo no nací con alma de literato. El que haya tenido el impulso de escribir se debió a mi maestra de séptimo grado, Graciela Legnani. Todo empezó cuando la maestra pidió que hiciéramos un cuento con uno de tres títulos que ella nos dió. Así fue que, cada vez que había que escribir, sobresalía junto con otros compañeros de mi curso.
Y ahora estoy escribiendo esta introducción, tratando de encontrarme como escritor y calificándome como un soñador, porque lo soy: siempre soñando en lo que seré algun día, en el futuro de mi país y del planeta."

LA ESCUELA Nº 53 : "Tantos recuerdos trae el volver a pensar la escuela primaria. Cada quien tiene sus historia en la escuela que lo vió crecer. Yo les contaré de las mías".

[Puede llegar a ser aterrador tomar conciencia que a medida que avanzamos en edad los recuerdos de nuestros primeros años de vida se nos han borrado o que comienzan a desaparecer de la memoria. Incluso puede pasar que porciones considerables de los recuerdos de los tiempos más recientes permanezcan en una especie de nebulosa o, directamente, en la oscuridad total. Por suerte, o por designio del destino, o por mandato divino, o por pura casualidad, a mis 16 años aún recordaba algunos detalles y hechos de mis primeros años escolares]

" Tenía que haber iniciado mi escolaridad primaria en el año 1977, pero por haber nacido en noviembre del 71 perdí el año. Así que fuí recién en el 78, año del mundial de fútbol que se realizó en nuestro país y del que salimos campeones.  Mis padres me enviaron a la escuela nº53 de San Francisco Solano, partido de Quilmes. Junto a ella había otra escuela, la nº32. Al tener la 53 una mejor apariencia edilicia por aquel entonces se decía que allí se enseñaba mejor y que, como si fuese poco el argumento recién mencionado, a la escuela 32 concurrían los chicos más pobres. Seguramente que fueron por esas razones que mis padres me enviaron a la escuela 53, aunque, sinceramente, debo decir que mi familia estaba más cerca de ser pobre que de ser rica"

[No hay que pensarlo dos veces para advertir que ese razonamiento de creer que la educación es superior en un establecimiento sólo por su apariencia o porque allí no concurren niños pobres es propio de una estupidez descomunal. Sin embargo, los adultos muchas veces pensamos de ese modo].

"¡Qué desilución para mis padres cuando, al poco tiempo de iniciadas las clases, debieron cambiarme a la escuela de al lado! Pero algunos recuerdos de esos pocos días en la 53 aún sobreviven al paso del tiempo. Me acuerdo, como si fuese hoy, que el primer día de clases lloré amargamente. No quería quedarme y tengo aún la imágen de mi madre marchándose mientras me sujetaba una maestra. Superado ese mal momento sólo conservo algunas imágenes aisladas: en el patio, cuando izaban la bandera, en la fila en formación, algunas aulas de madera y una compañerita que tenía dificultades para caminar y que además vivía en la esquina de casa.
Finalmente, al transcurrir casi todo el primer mes del calendario escolar sin tener maestra, mis padres decidieron cambiarme a la escuela nº32. Debo acotar que a la 53 concurría en el turno tarde. A partir del cambio asistiría a clases por la mañana". //

P.D. Los fragmentos que aparecen entre corchetes fueron extraídos de ¿FICCIONES DE UNA MEMORIA?, serie de textos que tengo en mi blog Eternautaargento.

sábado, 5 de marzo de 2011

CONVERSANDO CON CACHO Y CARMEN (4/3/11)

La historia familiar que pretendemos escribir se basa, fundamentalmente, en los testimonios de los protagonistas directos de esta historia. Cuando comenzamos a escribir éste blog teníamos en claro que era y es imprescindible sentarse a conversar con los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz. Esa conversación debía procurar siempre profundizar en los recuerdos para así rescatar información valiosa de la historia familiar y personal. Lamentablemente no pudimos sentarnos a conversar con Pocho Diaz, mucho menos aún con Salvador Díaz. ¡Cuánta información nos hubiesen dado! Pero la muerte se llevó los recuerdos que son la materia prima de nuestra historia familiar. Habría que aprovechar cada oportunidad que se presentase para sentarse a escuchar lo que nuestros padres tienen para decirnos. / La Historia rescatada por medio de conversaciones y entrevistas se conoce como Historia oral. Quienes se dedican a ella emplean diversas tecnologías para grabar los relatos narrados. Nosotros en este caso no contamos con esas posibilidades. Es decir que lo escrito aqui son los recuerdos aún tibios de lo recuerdos profundos que nos contaron, en una sincera, y por momentos emotiva charla, Cacho Diaz y su esposa Carmen. / Toda la información resulta más que interesante para intentar ir reconstruyendo lentamente la historia personal de Cacho y cómo esa historia se va insertando en toda la historia familiar. Por ejemplo reconoció que de chico era bastante travieso, lo que generaba que su mamá, Juana Torino, tuviese que castigarlo con frecuencia. Recuerda al respecto que uno de esos castigos consistía en hacerlo arrodillar sobre el maíz. Ello lo llevó a contarnos que él había elaborado una idea de su papá, Pedro Díaz, que distaba mucho de ser la real. Él, por ejemplo, no tenía un recuerdo de su papá castigándolo o retándolo.

jueves, 27 de enero de 2011

ALBERTO ANTONIO DIAZ Y FAMILIA

VIERNES 20 de enero de 2012. Voy a visitar a mi mamá y aprovecho que mi tio Tito está haciendo unos trabajos de plomería allí para entrevistarlo, brevemente, sobre algunos aspectos de su vida que pueden resultar interesantes para quienes lean esta historia familiar. 

Alberto Antonio Diaz nació el 6 de febrero de 1952 en Aguilares, Tucumán. Fue el único de los hnos Diaz tucumanos que vivió, desde que nació, en la casa de la calle Congreso. Ello se debió a que fue el último de los hijos de Pedro Díaz y de Juana Torino, nacido después de que la flia se asentara definitivamente en las cercanías del Ingenio de Aguilares. 
Tito concurrió a la misma escuela primaria a la que fueron la gran mayoría de sus hnos, situada a no muchas cuadras de su casa, en el barrio de La Chacarita.

Hasta sus 8 o 9 años de edad su mayor compinche en juegos y travesuras fue su hno Cacho. Esto es más que comprensible si se tiene en cuenta que era el hno que menos diferencia de edad le llevaba: 4 años; mientras que con Pocho ya había 8 años de distancia y 10 años con Chicho.
Creo que Cacho alguna vez mencionó que en cierta etapa de su niñez tuvo un leve trauma porqué no sabía (y si lo sabía no podía hacer mucho para impedirlo) quien le revisaba o "robaba" las pertenencias que el había depositado en un hueco que hizo en el tronco de un gran banano. No era otro más que su hno Tito. El mísmo hueco en el tronco fue citado por Tito cuando comentó que recordaba venir subido, con amigos, y hasta quizás con Cacho, a distintos carros que traían productos desde los campos a la ciudad. Y ya desde varias cuadras antes de su casa veía que su mamá lo esperaba en la entrada con una vara en la mano. Seguramente la travesura en algún momento sería castigada, pero una de las estrategias defensivo-escapatoria implementada por Tito era refugiarse en el tronco del árbol hasta que se le pasase un poco el enojo a la madre.
Cuando a fines del 61 Cacho viajó a Buenos Aires, Tito debió de haber profundizado sus amistades con los "changos" del barrio e incluso con sus sobrinos, Tommy y Graciela, hijos de su hna Lidia. 

En 1965 comenzaría su etapa de estudiante secundario en la Escuela de Comercio de Aguilares. Recuerda Tito que había sido un alumno destacado en la escuela primaria, recibiendo incluso algún regalo por parte de una maestra. No es que en la secundaria esto haya cambiado drásticamente, pero en el tercer año del secundario su permanencia en el establecimiento escolar se vio seriamente comprometida por las inasistencias a las clases.
No nos ha quedado bien en claro aún porqué faltaba tanto a clases. ¿Fue una etapa de rebeldía, de protesta o su manera de llamar la atención sobre determinada situación? ¿Vivía aún Juana Torino, su madre, en Aguilares o, por el contrario, ya residía en Solano, en casa de alguno de los hnos de Tito? Lo concreto es que las máximas autoridades del colegio le habían dicho que no iban a computar el total de faltas que tenía, en parte por tener en consideración que su hna, Lidia Diaz de Pastorino, trabajaba en el Colegio y era alguien muy apreciada por todos. Igualmente la oferta que le proponían tenía como contrapartida que no faltase más en lo que restaba del año y, (esto debo volver a indagarlo) rindiese los exámenes que tenía pendiente antes de fin de año. No estoy seguro si Tito cumplió con su parte del trato(creo que no).

Toda esa situación escolar (¿afectiva?) derivó en que para el año 68 se encontrase viviendo en San Francisco Solano y haciendo el 4to año de su educación secundaria en la Escuela de Educación Media Nº 2 Don Luis Piedrabuena. Egresaría de ella al año siguiente con el título de Perito Mercantil.
Por esos años el colegio recién estrenaba su edificio actual. Sin embargo, en algún período, entre el 68 y parte del 69, parte de su alumnado todavía asistía a las aulas(algunas de ellas de madera) que estaban en la cuadra del frente, donde actualmente se halla la Escuela Nº32.
Una singular anécdota de esa situación es que los hacían cruzar la Av. 844 para ir a determinadas clases en algunas aulas nuevas. Y se daba el caso de que el colegio no tenía máquinas de escribir, así que practicaban mecanografía marcando fuerte los dedos sobre un cartón donde tenían dibujado la ubicación de las teclas.
El colegio tampoco tenía el actual muro que lo rodea y es hasta probable que aún no tuviese el tejido que lo caracterizó un tiempo. Recuerda Tito al respecto que un compañero suyo, en el turno vespertino, aprovechaba esta situación para salir del colegio. Pero el destino de la "rateada" no era muy lejos ni la ausencia era prolongada: se escapaba hasta la casa para tomar la infaltable sopa de la cena y volvía al colegio. Hoy en día el protagonista de esta anécdota es dueño de una reconocida inmobiliaria sobre la 844, a pocas cuadras del colegio.

Otro de los compañeros de Tito Díaz resultó ser José Figueroa, quien sería conocido años más tarde como "El Maestro Cantor". Increíblemente habría una conexión...(continúa)

DOMINGO ANTONIO DIAZ Y FAMILIA


Domingo Antonio Diaz nació el 11 de septiembre de 1948 //LO QUE SIGUE A CONTINUACIÓN ES UNA TRANSCRIPCIÓN CASI LITERAL DE LO QUE CARMEN, ESPOSA DE CACHO, LE CONTÓ A SU HIJO MARCELO DIAZ SOBRE LOS PRIMEROS AÑOS DE SU VIDA FAMILIAR: "Vivimos en lo de Mecha, después nos fuimos a Tucumán y solo estuvimos un tiempo. Cuando volvimos ya no podíamos vivir en lo de Mecha y nos fuimos a Bernal, en lo del tío Silvano, porque en lo de Mecha ya eramos muchos. Esto fue antes de vivir en Capital.Salimos de lo del tío Silvano, nos fuimos a lo de mamá otra vez. Así fue como Juan Carlos, (primo de Carmen)le consigue un trabajo en portería en Capital para Cacho, a quien le gustó la idea. Probaron suerte y les iba bien, muy bien./ Pero Cacho extrañaba mucho el barrio, los amigos y sobre todo jugar al fútbol. No se hallaba porque los horarios del trabajo eran muy absorventes.No tenía domingos libres, ese era el gran sacrificio porque normalmente y con el trabajo siempre estaba distraído, pero en épocas de vacaciones todo el mundo se iba y la ciudad quedeba desierta. Era un cambio muy brusco para ese Cacho muy joven". LO QUE SIGUE ES INFORMACIÓN APORTADA YA DIRECTAMENTE POR MARCELO DIAZ:" Nosotros vivimos en Tucumán todo el año 1977, hicimos el colegio ahi, nos costó bastante y no pudimos adaptarnos bien. Era casi agarrarnos a piñas todos los días contra los tucumanitos que nos odiaban!. Mi viejo laburo en el Ingenio azucarero de Aguilares. También era un laburo bastante feo e insalubre. En julio de ese año nació Alejandra Mabel, cuyo nombre salió de un sorteo que se hizo en un almuerzo en lo de la tía Lidia. A principios del 78, nos volvimos a Bs.As.Estuvimos unos meses en lo de mi abuela, pero a fines de ese año nos mudamos definitivamente a lo de Chicho."

JUAN CARLOS DIAZ Y FAMILIA


Juan Carlos Díaz nació el 2 de octubre de 1944. Sin embargo, en su dni figuraba como nacido el 23 de octubre de 1944. Falleció el 31 de enero del 2011. / Transcurridas su infancia y adolescencia en la ciudad de Aguilares, en la década del 60 se caracterizaría por sus permanentes viajes desde Tucumán a Bs As y viceversa. / Nos cuenta Berna que conoció a Pocho por acompañar a su hna Julia a la casa de Luis, quienes por ese entonces eran novios. Corría el año 1969. / El día 16 noviembre de 1971 se casa con Bernarda Martinez en la oficina del registro civil instalada en el hospital Fernández de la Capital Federal, hospital donde habrían de nacer tres de sus cuatro hijos. El primero de ellos, Carlos Eduardo, nació el 5 de noviembre de 1971, tiempos en que Pocho aún no contaba con un empleo estable y un domicilio propio. En ese fines del 71 y durante el 72 viven en el terreno situado en la calle 894, entre las calle 846 y 847, perteneciente a Luis. Pero allí también viven en una casilla Juana Torino junto a su hijo Salvador y es probable que también Tito estuviese viviendo en el mismo terreno. Ante la próxima llegada de un nuevo hijo, Julia, hna de Berna, le ofrece primero un espacio construido con chapas en el fondo de su terreno. Luego vivirían en una de las piezas de la casa de material pero siempre en propiedad ajena, con los inevitables inconvenientes que ello produce. El dia 3 de mayo de 1973 nace su segundo hijo, Ruben Leonardo. A los pocos meses de ese nacimiento encuentra trabajo en una fábrica elaboradora de papel corrugado en él barrio de Barracas. / El año 1974 tendría dos hechos trascendentales en la vida de Juan Carlos: el fallecimiento de su madre y, el 25 de febrero, la mudanza al terreno de la calle 854, N°2128, en San Francisco Solano. La casilla que es implantada allí perteneció a Juana y Salvador, pero tras la muerte de su madre Salvador decide mudarse a lo de Mecha para ayudarla con sus hijos. Recuerda Berna que el mismo Salvador colaboraría con Pocho en la instalación de la casilla. /1975 también sería un año de enormes pérdidas y alegrías. El 3 de julio fallece su hno Salvador, quien desde el año anterior trabajaba con él en la fábrica de Barracas, en la capital federal. Pocos días después, el 27 de julio de 1975 nace en el hospital Rivadavia de la Cap. Fed. Jorge Alejandro. A fines de ese año viajan con muchos otros familiares a Aguilares para el casamiento de Tito. Por esas fechas Pocho y Berna tambien se casan por la iglesia ante la presión del cura local. El 3 de mayo de 1977 nace Javier Martín. / La primer vivienda de Pocho y su familia consistía apenas en una casilla de madera de dos habitaciones que fue instalada en la mitad del terreno. Su techo era de chapas de cartón y l baño estaba en el fondo. Recuerdo aún que por varios años el piso de la casita era tierra pura y una vez, producto de una travesura o accidente, cayó al suelo el tacho donde conservábamos el agua, consecuencia: un barrial en la cocinacomedor. La otra pieza era el dormitorio de toda la familia. Sin dudas quien más cómodo dormía era el bebé de la familia puesto que tenía la cuna para él solo. El dinero otorgado por el gobierno tras el nacimiento de Javi permitió la compra de chapas metálicas, las que serían utilizadas en la ampliación de la vivienda con dos habitaciones más y un baño pegado a la casa. Esa construcción data de fines de los setenta y principios de los ochenta y sería fundamental la colaboración prestada por Chicho.

MARIO DONATILO DIAZ Y FAMILIA

MIERCOLES 18 de Enero de 2012. Voy a Solano para visitar y entrevistar a "Chicho" Diaz, mi tío y padrino. Salvo alguna pequeña modificación, me propuse hacer el mismo recorrido que hacía, solo o con mi flia, cuando iba a "pasear" a la casa de Chicho, o de Cacho, quien durante muchos años vivió con su familia en el fondo del terreno. Partiendo desde la Estación de San Francisco Solano, encaminé con dirección Nor-oeste, transitando primero unas cuadras de la Av. 24, hasta la altura de los Boy Scouts. Y a partir de allí, en un permanente zig-zag de cuadras, por las calles Falucho, El Zorzal, La Calandria, El Crespin, Clavel, Gorriti(hoy Pte. Perón), El Cardenal, hasta finalmente llegar a la calle El Pato, entre El Mirlo y El Tordo. Si se buscan todas estas calles en un mapa se podrá apreciar que la casa de mi tío está aún en jurisdicción de Solano, muy cerca de su límite occidental, aunque, y esto es una particularidad de Solano, en la parte que le corresponde al Partido de Almirante Brown. CONVERSANDO CON CHICHO De sus primeros años de infancia recordaba Chicho algunas vivencias transcurridas cuando vivían en la colonia San Miguel, a unos dos km de Aguilares. Allí vivían los trabajadores de las plantaciones cercanas y sus respectivas flias. Uno de los recuerdos más latentes es cuando acompañaba a su papá, junto a otros de sus hnos, a buscar leña del monte. Chicho resalta la sabiduría de su padre al señalar que había que ser muy experimentado en esas tareas para no perderse en aquellos parajes desolados. Javier Díaz, mi hno, que vivió algunos años en Aguilares y frecuentemente debía obtener leña para la elaboración de pan en el horno de barro, me comentaba luego que esas plantaciones donde trabajaba Pedro Díaz eran fundamentalmente arrozales y que la leña la traerían siguiendo, desde la orilla, el curso del Rio Medina. / También recuerda Chicho de aquellos años en San Miguel que las viviendas de la colonia, o al menos en la que vivía él y su flia, estaban prácticamente encerradas por diversas plantaciones, siendo la más común la caña de azúcar. Justamente eran estas plantas las que separaban la vivienda donde residía él y el "mundo exterior". Chicho recuerda bien que entre esos cañaverales se había formado, seguramente por el uso, un sendero que daba justo a la entrada de la casa donde vivían. Tal sendero, y por la altura y densidad de las cañas, parecía transformarse en un túnel, el cúal, a los ojos de un niño, se tornaba bastante tenebroso, especialmente por las noches. Y fueron muchas las noches que iban al centro de Aguilares, quizás para ver los corsos de carnaval o tan solo para travesear en la plaza. Y como la ruta no contaba con iluminación, recuerda Chicho que aprovechaban la luz que proyectaban los vehículos que transitaban por ella, para correr por su costado todo lo posible, hasta que el camino volvía a quedar en absoluta oscuridad. / En 1950, cuando Chicho tenía 8 años de edad, su flia se mudó a la casa de la calle Congreso, en Aguilares. Por aquellos años, el padre, Pedro Diaz, trabajaba en la zafra, es decir, en los cañaverales de la zona, que enviaban su producción al ingenio de Aguilares para la elaboración de la azúcar y otros productos. Quizás uno de los recuerdos más nítidos que conserva Chicho de esa etapa sea el de llevarle, junto a su hno Pocho, la vianda a su papá para que comiera algo al mediodía y luego seguir trabajando. Pero los hnos no regresaban a su casa sino que se quedaban con el padre hasta la hora que terminaba su jornada laboral. Volvían montados en mula. Sin duda, en esas tardes en los cañaverales tucumanos, bajo el sol y junto a su padre, Chicho y Pocho comenzaron a instruirse en las primeras armas de los zafreros. Ya teniendo algo más de experiencia se les adjudicó una mayor porción de las cañas que debían trabajar, aunque confesaría Chicho que siempre había gente "mucha más canchera" en la ardua tarea que debían realizar y que en varias ocasiones recibieron la ayuda de Miguel Pastorino, cuñado de ellos, quien además trabajaba en el interior del ingenio azucarero. / Años despues, ya en sus primeros años de adolescencia, tanto Chicho como Pocho, comenzarían a trabajar en los repartos que hacían los camiones, subiendo y bajando mercaderías de los distintos proveedores que recorrían los negocios de Aguilares y de los pueblos cercanos. / Ya teniendo 17 años, en 1959, Chicho andaría por primera vez en Bs. As. por cuestiones vinculadas con el servicio voluntario que prestó en la Marina.

MERCEDES DIAZ Y FAMILIA


Mercedes Diaz nació el 24 de septiembre de 1940. Sin embargo en su Documento Nacional de Identidad quedó registrado que había nacido dos días después, el 26 de septiembre. Ésta llamativa situación se entiende si se tiene en cuenta que por aquel entonces las personas eran registradas con la fecha en que los padres se presentaban en la iglesia u oficina pública encargada de registrar el nacimiento de las personas. No obstante, lo más llamativo del caso es que "Mecha" fue bautizada como Blanca Mercedes Diaz. / Juana Vallejo, una de sus hijas, comparte con nosotros algunos recuerdos de Mecha, que pudo rescatar mediante la conversación con su madre: "Mi mamá vino a Bs As cuando tenía 14 años y trabajaba cama adentro, con otras tucumanas que eran del pueblo y se habían venido a la capital. Ella recuerda que la Abuela(Juana) la subió al tren y le dijo que lo primero que debía hacer al llegar a la capital era memorizar la dirección donde tenía que ir. Luego debia subir a un taxi y de palabra darle la dirección(como que parezca que ya conocía el lugar) y le recomendó que no mirase por la ventanilla de manera anodada, para evitar que el chofer advirtiera que era provinciana y que le tomase el pelo. / Mecha, al principio, salía de Franco solo unas horas los días domingos. Iba al cine y/o al teatro y ese mismo día regresaba a la casa de familia para continuar trabajando. Despues, cuando ya estuvo más segura de sí misma, comenzó a frecuentar la casa del tio (primo de Pedro Diaz, en realidad) Daniel Diaz, en la calle Lafayette 419, en Avellaneda, por donde pasarían casi todos los hnos de Mecha en algún momento". / "Cada vez que cobraba le mandaba un giro con más de la mitad de sueldo a la abuela. Otras veces compraba ropa para su papá y hnos y la mandaba por encomienda. Lo gracioso es que al ser tan joven compraba como si fuera un uniforme: todos los varones con camisa y pantalones de vestir. Y a la abuela vestidos siempre del mismo estilo. Su patrona le daba una mano a veces al llevarla a una casa de ropa para que ella hiciera las compras". / Con respecto a los primeros años de convivencia de Mecha y Bernardo Vallejo, Juana nos dice: "Mi mamá vivió en la casa de una tía de mi papá en su primer año de convivencia y despues que desocuparon el terreno de mi papá (que lo había prestado porque no tenía interes en usarlo) se fueron a vivir en la calle Lila 6350. Corría el año 1966", es decir que habían pasado ya 12 años de aquel 1954 cuando su existencia había experimentado un drástico cambio.

LUIS ANTONIO DIAZ Y FAMILIA

Luis A. Diaz nació el 21 de junio de 1938.

LIDIA DEL VALLE DIAZ Y FAMILIA


Lidia del Valle Diaz nació el 9 de junio de 1936 en la localidad de Monte Redondo, pcia de Tucumán. Puede decirse que hasta 1945 fueron una familia nómade ya que vivieron en distintas localidades, pueblitos o colonias del sur tucumano: San Miguel, Monte Rico, Monte Redondo, etc. Ello se debía a que su padre, Pedro Diaz, no tenía un trabajo fijo y debía trasladarse con su flia hacia aquellos sitios que le dieran posibilidades de trabajar. Esa situación de casi permanente migración hizo imposible que Lidia asistiera a la escuela primaria en tiempo y forma. Recuerda Lidia, por ejemplo, que estando viviendo en Monte Rico pasaba en ocasiones la directora de una escuela, en sulqui y de rostro severo, averiguando en el caserío si había chicos en condición de ir a clases. La escuela es probable que no estuviera cerca de allí. Pero su papá le decía a Lidia, y quizás a Luis, los únicos de los hnos Díaz que podrían haber ido a la escuela primaria en los primera mitad de la década del 40, que se ocultaran en el monte, de tal manera de no tener que compremeter su asistencia a la escuela. De todos modos, destaca Lidia que antes de ingresar a primer grado ya sabía leer, sumar y restar. Su propio papá le había enseñado. / Ese primer grado de la escuela primaria lo inició con 8 años de edad, cumpliendo los 9 años a mediados de 1945. La escuela era la nº 305, en el barrio de la Chacarita. Lidia y su familia vivían cruzando la calle, casi enfrente de la escuela y muy cerca del ingenio de Aguilares. Una anécdota vinculada a sus primeros años de escuela: En el año 46 su mamá, Juana Torino, debió permanecer un tiempo internada por las complicaciones del parto donde falleció el bebé que esperaba por entonces. Lidia, y sus hnos menores quedaron a cargo de Salvador, el hno mayor. Pero al parecer, al prepararla para enviarla a la escuela, Salvador la peinó de un modo que no agradó a la maestra o directora y la mandaron de nuevo a la casa. Lidia volvió llorando desconsoladamente y desde entonces tuvo especial dedicación en su peinado. / En el año 1952 comenzaría su etapa de escuela secundaria en el Colegio Nacional Nicolas Avellaneda, en Aguilares. Recuerda Lidia que mucho tuvo que ver en su ingreso a dicho colegio la ayuda que brindaba el gobierno, en especial la administrada por la Fundación Eva Perón, por la cual pudo contar con el uniforme escolar, zapatos, útiles y, cree Lidia, con una ayuda monetaria. Ese 1952 se destacaría también en la vida de Lidia por ser el año que afianzaría su relación con Miguel Pastorino. Ya lo había visto pasar varias veces por la calle Congreso, donde ya vivía con su flia desde 1950. Una hna de él residía a una o dos cuadras de allí. Incluso lo había visto con el característico uniforme azul de los efectivos de la Fuerza Aerea. Es que en el 52 Miguel hizo el servicio militar obligatorio. Recuerda en especial Lidia que con motivo del fallecimiento de Eva Perón, el 26 de julio del 52, los efectivos que estaban de licencia o franco debieron presentarse en sus respectivas bases o destacamentos. Al parecer unas hnas de Miguel eran compañeras o amigas de Mecha. Ella y Lidia solían andar juntas. Un día estando en la plaza de Aguilares, mientras Mecha terminaba de conversar con sus amigas, pasó Miguel y saludó a todas las chicas, incluida Lidia. En ese momento prácticamente no cruzaron palabra pero luego Lidia se enteraría que Miguel había preguntado por ella. Quizás a él ya le había flechado Cupido y es probable que a Lidia la haya flechado esas veces que lo vio pasar por su casa o un día que estando en la Estación del tren junto a su mamá se cruzaron con las hnas de Miguel y estas contaron que esperaban a un hno que venía a casa de licencia. Entonces Juana, la mamá de Lidia, preguntó cuál hermano. La respuesta pareció estremecer el alma de aquella jovencita de 16 años que acompañaba a su madre: "esperamos a Miguel". Por un tiempo Lidia estuvo convencida que Miguel estaba interesado en Mecha, ya que comenzó a frecuentar la casa y de a poco se fue ganando el cariño de toda la familia Díaz. Para fines de año Miguel ya había sido dado de baja del servicio militar y tenía una seria propuesta de ir a trabajar al puerto de Rosario. Entonces la encaró a Lidia y le dijo que su futuro dependía de ella. Si ella no estaba interesada en él se marcharía. Son esas decisiones claves de la vida que pueden crear o desvanecer un futuro determinado. Y ya sabemos que pasó entonces: Lidia y Miguel ataron sus destinos por el resto de sus vidas.//(cont.)

JUSTO SALVADOR DIAZ


Justo Salvador Diaz nació el 29 de febrero de 1928 y falleció el 1 de junio de 1975. Juana Vallejo, hija de Mecha Díaz, a través de sus recuerdos o por consultas recientes a su madre, nos cuenta que ese año 1928, en que nació Salvador, fue año bisiesto, por lo que terminaron registrándolo nacido el 28 de febrero. Siendo ya adulto le gustaba disfrutar de la lectura y del ajedrez. Recuerda Mecha que su hno era muy detallista con su ropa y la de los demás: le planchaba los pantalones a Bernardo Vallejo, padre de Juana, cuando éste tenía un baile, por ejemplo. Sabía bordar y era extremadamente pulcro. Cuenta Mecha al respecto que si sus hijos se acercaban a Salvador para saludarlo estando sucios él los saludaba de lejos y los mandaba a higienizarse.

martes, 25 de enero de 2011

LOS HERMANOS DIAZ, la primer generación tucumana.



Estos distintos capítulos de la historia familiar de los descendientes de Juana Torino y Pedro Diaz tendrán, la mayoría de las veces, la particularidad de ser provisorios, incompletos. Porque siempre habrá información que desconocemos y siempre estaremos con la expectativa de recibir o hallar nuevos datos que alimenten estos relatos. / El presente capítulo intenta abordar a la que hemos denominado la primer generación tucumana. La mísma está compuesta por los hijos que tuvieron Juana y Pedro: Salvador, Lidia, Lucho, Mecha, Chicho, Pocho, Cacho y Tito. Todos ellos son los hermanos Diaz que nacieron entre 1928 y 1952, quienes pasaron la mayoría de su infancia y juventud viviendo en Aguilares, una localidad del sur tucumano. / Sabemos, historicamente, que los hermanos Diaz fueron, hasta el fallecimiento de Salvador, ocho personas.¿Pero cuantos hermanos fueron en realidad los hijos de Juana y Pedro? Según los precarios recuerdos de Pocho hubo dos nacimientos más, quizas en los años 1946 y 1950.¿Fueron solo dos más o es posible pensar que entre 1928, año del nacimiento de Salvador, y 1936, año del nacimiento de Lidia, existieron otros nacimientos que lamentablemente no pudieron desarrollarse en el tiempo?

miércoles, 19 de enero de 2011

EL FAMILIAR MÁS TEMIDO

Hace unos años mi hermano y varios amigos, viajando por el sur tucumano, vivenciaron una experiencia singular. Su destino era la capital provincial. De pronto uno de los choferes recordó que por aquellos días se festejaba un nuevo aniversario de la fundación de un pueblo cercano, Santa Ana, famoso por un Ingenio que décadas atrás fue uno de los más grandes y poderosos de Latinoamérica.
Algunos de los muchachos no estaban muy convencidos de tener que desviarse de la ruta sólo para ir a un pequeño y aburrido pueblo. Pero cuando el chofer insistió en que los festejos eran muy populares en la región, que asistían muchas chicas y que solían tocar bandas de rock, logró torcer la voluntad de sus pasajeros.  Al llegar a la entrada del pueblo descendieron todos del micro. A pocos metros pudieron leer un letrero: "Bienvenidos a Santa Ana, tierra de mitos y leyendas". Esto pareció llamar la atención de los muchachos. Los choferes se miraron entre sí y enseguida, el más viejo de ellos, que era oriundo del lugar, les indicó una reunión que se estaba concretando en el centro de la plaza principal.
Más que plaza aquello era un gran parque repleto de frondosos y añejos árboles, algunos de los cuales alcanzaban alturas asombrosas. La noche estaba fresca y algunos lugareños habían organizado un fogón para esperar el momento en que las bandas tocarían. Los allí reunidos eran en su mayoría jóvenes y no podía faltar una criolla para quien la supiera afinar, amplificando las voces en el canto grupal.
Los porteños fueron recibidos con afectuosidad e invitados a participar de los festejos del lugar. Relatos sobre la historia del pueblo y leyendas varias fueron alimentando la curiosidad y la imaginación de todos, especialmente en los recién llegados. El chofer más joven dijo entonces:
"-¡Los changos de Buenos Aires están interesados en la leyenda del Familiar!"
Se hizo un notorio silencio. Todos intercambiaron miradas. Los locales parecieron dudar y hasta temer hablar de esa leyenda en particular. Los visitantes percibieron que algo no andaba bien.
Finalmente una voz quebró el silencio para decir que aceptaba contar la historia pero advirtiendo también que esa sería la última de la noche.
El narrador, un hombre de unos cuarenta años y de voz grave, rechazó el mate de la ronda y aceptó en cambio darle un largo trago a la botella de cerveza Norte que comenzó a circular entre pocas manos. Pareció mirar de reojo a todos los que le observaban con suma expectativa. Se concentró unos segundos en las llamas del fuego e inició su relato:
-La leyenda de El Familiar nace en los orígenes mismos de éste pueblo y atraviesa toda su historia. Se dice que el fundador del Ingenio y Refinería Santa Ana le vendió su alma al diablo. Clodomiro Hilleret y su empresa tendrían fortuna y prosperidad a cambio de alimentar a un enorme y feroz perro que solía presentarse con ciertos rasgos humanos. Se podía tener la certeza de la presencia de la bestia por sus terribles gruñidos y por el espantoso sonido que producía al arrastrar su pesada cadena. El perro, siempre se dijo, era propiedad del diablo e incluso hay quienes aseveran, totalmente convencidos, que se trata del mismísimo Satanás. Se alojaba en los túneles que unían la casa del patrón con el Ingenio. Y debía ser alimentado al menos una vez al año con los obreros más revoltosos, aquellos que le diesen más problemas al dueño. Pero también se dice que el apetito del monstruo demoníaco era insaciable por lo que hubo años en que sus víctimas fueron varias. Esto representaba un negocio redondo para Hilleret: a mayor alimento mayor prosperidad. Mediante engaños el trabajador, la víctima, era conducido a los túneles. Aquí mismo, bajo nuestros pies, aún corren esos túneles. No había manera de matar al Familiar pero si el obrero portaba una gran cruz colgada sobre su pecho y un rosario era probable que pudiera salir sólo con rasgaduras en su piel y vestimentas. Se dice que los pocos que lograron sobrevivir recibieron mucha plata para irse muy lejos de aqui y para comprar su silencio-

Los muchachos porteños notaron que varios de los lugareños se estaban marchando presurosos, casi sin despedirse. Mi hermano preguntó entonces como podía entenderse el final decadente del Ingenio, cuya acta de defunción recibiría con los gobiernos militares de los años sesenta y setenta.
A los jóvenes locales que aún permanecían junto al fogón les resultó llamativo que ese estudiante de la gran ciudad evidenciara un genuino interés en una leyenda local que para muchos de "afuera" sólo eran fábulas inventadas por los poderosos de turno con el claro objetivo de causar miedo en la población y ocultar perversas verdades.
Toda la atención volvió a recaer en el narrador:
-Según la leyenda pudieron pasar dos cosas: o Hilleret no cumplió su parte del trato, lo que habría llevado a que el diablo lo arrojara al infierno o que al morir se llevara su secreto a la tumba xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

ce unos años mi hermano y varios amigos, viajando por el sur tucumano, vivenciaron una experiencia singular. Su destino era la capital provincial. De pronto uno de los choferes recordó que por aquellos días se festejaba un nuevo aniversario de la fundación de un pueblo cercano, Santa Ana, famoso por un Ingenio que décadas atrás fue uno de los más grandes y poderosos de Latinoamérica.
Algunos de los muchachos no estaban muy convencidos de tener que desviarse de la ruta sólo para ir a un pequeño y aburrido pueblo. Pero cuando el chofer insistió en que los festejos eran muy populares en la región, que asistían muchas chicas y que solían tocar bandas de rock, logró torcer la voluntad de sus pasajeros.  Al llegar a la entrada del pueblo descendieron todos del micro. A pocos metros pudieron leer un letrero: "Bienvenidos a Santa Ana, tierra de mitos y leyendas". Esto pareció llamar la atención de los muchachos. Los choferes se miraron entre sí y enseguida, el más viejo de ellos, que era oriundo del lugar, les indicó una reunión que se estaba concretando en el centro de la plaza principal.
Más que plaza aquello era un gran parque repleto de frondosos y añejos árboles, algunos de los cuales alcanzaban alturas asombrosas. La noche estaba fresca y algunos lugareños habían organizado un fogón para esperar el momento en que las bandas tocarían. Los allí reunidos eran en su mayoría jóvenes y no podía faltar una criolla para quien la supiera afinar, amplificando las voces en el canto grupal.
Los porteños fueron recibidos con afectuosidad e invitados a participar de los festejos del lugar. Relatos sobre la historia del pueblo y leyendas varias fueron alimentando la curiosidad y la imaginación de todos, especialmente en los recién llegados. El chofer más joven dijo entonces:
"-¡Los changos de Buenos Aires están interesados en la leyenda del Familiar!"
Se hizo un notorio silencio. Todos intercambiaron miradas. Los locales parecieron dudar y hasta temer hablar de esa leyenda en particular. Los visitantes percibieron que algo no andaba bien.
Finalmente una voz quebró el silencio para decir que aceptaba contar la historia pero advirtiendo también que esa sería la última de la noche.
El narrador, un hombre de unos cuarenta años y de voz grave, rechazó el mate de la ronda y aceptó en cambio darle un largo trago a la botella de cerveza Norte que comenzó a circular entre pocas manos. Pareció mirar de reojo a todos los que le observaban con suma expectativa. Se concentró unos segundos en las llamas del fuego e inició su relato:
-La leyenda de El Familiar nace en los orígenes mismos de éste pueblo y atraviesa toda su historia. Se dice que el fundador del Ingenio y Refinería Santa Ana le vendió su alma al diablo. Clodomiro Hilleret y su empresa tendrían fortuna y prosperidad a cambio de alimentar a un enorme y feroz perro que solía presentarse con ciertos rasgos humanos. Se podía tener la certeza de la presencia de la bestia por sus terribles gruñidos y por el espantoso sonido que producía al arrastrar su pesada cadena. El perro, siempre se dijo, era propiedad del diablo e incluso hay quienes aseveran, totalmente convencidos, que se trata del mismísimo Satanás. Se alojaba en los túneles que unían la casa del patrón con el Ingenio. Y debía ser alimentado al menos una vez al año con los obreros más revoltosos, aquellos que le diesen más problemas al dueño. Pero también se dice que el apetito del monstruo demoníaco era insaciable por lo que hubo años en que sus víctimas fueron varias. Esto representaba un negocio redondo para Hilleret: a mayor alimento mayor prosperidad. Mediante engaños el trabajador, la víctima, era conducido a los túneles. Aquí mismo, bajo nuestros pies, aún corren esos túneles. No había manera de matar al Familiar pero si el obrero portaba una gran cruz colgada sobre su pecho y un rosario era probable que pudiera salir sólo con rasgaduras en su piel y vestimentas. Se dice que los pocos que lograron sobrevivir recibieron mucha plata para irse muy lejos de aqui y para comprar su silencio-

Los muchachos porteños notaron que varios de los lugareños se estaban marchando presurosos, casi sin despedirse. Mi hermano preguntó entonces como podía entenderse el final decadente del Ingenio, cuya acta de defunción recibiría con los gobiernos militares de los años sesenta y setenta.
A los jóvenes locales que aún permanecían junto al fogón les resultó llamativo que ese estudiante de la gran ciudad evidenciara un genuino interés en una leyenda local que para muchos de "afuera" sólo eran fábulas inventadas por los poderosos de turno con el claro objetivo de causar miedo en la población y ocultar perversas verdades.
Toda la atención volvió a recaer en el narrador:
-Según la leyenda pudieron pasar dos cosas: o Hilleret no cumplió su parte del trato, lo que habría llevado a que el diablo lo arrojara al infierno o que al morir se llevara su secreto a la tumba...

jueves, 13 de enero de 2011

EL INICIO DE ÉSTA HISTORIA: Juana y Pedro


Estoy convencido que detrás de cada persona, más allá de que sea mujer u hombre, humilde o poderoso, desconocido o famoso, miserable o valioso, existe una historia que lo sustenta. Y esa historia merece un relato que la de a conocer a sus contemporáneos y a las futuras generaciones, procurando evitar el vacío y el olvido que provoca el irremediable transcurrir del tiempo.
 
Me comentaba mi prima Mirta Pastorino que la madre de la abuela Juana se llamaba Teresa Torino y que la madre del abuelo Pedro se llamaba Genoveva, conocida también como abuela Geno, quién llegó a vivir 104 años. Ella había nacido en Catamarca y era inocultable en sus rasgos, como así también en sus hijos, la descendencia aborigen. El abuelo Pedro le contó una vez a Mirta que cuando el tenía 15 años, aproximadamente, se escapó de su casa, muy molesto con su madre porque ella comenzó a convivir con un hombre que no era el padre del abuelo Pedro. Sobre su padre aún no sabemos nada. / En el Chaco su vida habrá sido muy dura. Convivió con un grupo de indios Tobas. Todos ellos trabajaban para un poderoso terrateniente. Pero más que trabajar, vivían como esclavos, puesto que la mercadería o productos que necesitaban comprar les era suministrada por el almacén que era propiedad del terrateniente, quién abusaba de su condición de comerciante monopolista al impedir que los trabajadores pudieran comprar en otros lugares y a mejor precio. De ésta manera terminaban cobrando un sueldo miserable porque siempre le quedaban debiendo plata al patrón. No podían abandonar el lugar hasta que no hubiesen cancelado sus deudas. Fue entonces que el abuelo Pedro decidió huir. Y lo consiguió. Dejemos por el momento al abuelo y digamos algo de la abuela Juana. En un primer momento Mirta me había dicho que la madre de la abuela se llamaba Teresa. De allí la duda inicial sobre la persona que nombraban Ramona. Pero Graciela Pastorino, hna de Mirta, me aclaró que la madre de la abuela Juana se llamaba Ramona. Ahora queda la duda si tenía los dos nombres o si Mirta se confundió. / Juana Vallejo, hija de Mercedes (Mecha) Díaz, nos aporta datos esclarecedores: Ana Torino...fue madre de Ramona Edmeregilda Torino y ésta fue madre de Juana Bautista Torino (en la iglesia la bautizaron como Juana Rosa) y nos confirma que Genoveva fue la madre del abuelo Pedro. Es decir entonces que ya tenemos el nombre de la abuela de Juana Torino, persona cuya existencia transcurre, mayoritariamente, en el siglo XIX. Pero se hace difícil y hasta imposible conocer mucho más de sus vidas. Es por ello que debemos partir de Juana y Pedro, concentrarnos en ellos, tratando de obtener fechas y datos que nos permitan ubicarnos en el tiempo y las circunstancias que les tocaron vivir. Ya que aún no contamos con esa información quiero hacer notar la importancia del apellido materno en esas épocas de nuestras bisabuelas y abuelas. El apellido Torino se mantiene por tres generaciones pasando de mujer a mujer, lo que nos dice sobre la ausencia de la figura paterna. Tampoco el abuelo Pedro, según Mirta, parece haber contado en su infancia con una figura paterna, ya que nunca hablaba de él, como si nunca hubiese existido, aunque suponemos que el apellido venía por herencia paterna. / La cuestión de los apellidos deriva en otra particularidad a tener en cuenta. Díaz y Torino son sin duda apellidos provenientes de Europa, pero no debieramos ignorar unos datos que nuevamente aporta Mirta: existen en nuestra descendencia rastros de una herencia aborígen e incluso africana. En la localidad tucumana de Santa Ana todavía viven primos y sobrinos del abuelo Pedro cuyos rasgos y cabellos evidencian claramente la herencia africana. Esto se puede explicar por distintas causas históricas y culturales. Los pueblos aborígenes del noroeste argentino, ya antes de la llegada de los españoles, habían sido conquistados por los Incas. La mestización entre los pueblos fue inevitable. Mucho más aún entre aborígenes y españoles. La herencia africana se explica entendiendo que provincias como Salta y Tucumán eran, en tiempos de la colonia, puntos intermedios entre el Alto Perú y el puerto de Bs. As. Muchos comerciantes monopolistas se dedicaron, entre otras cosas, a comprar esclavos por contrabando en Bs. As. y venderlos a las familias adineradas del norte argentino. También es posible que algunos negros que participaron en las guerras de la independencia se establecieran finalmente en las provincias norteñas.
Cxxxxx