VIERNES 20 de enero de 2012. Voy a visitar a mi mamá y aprovecho que mi tio Tito está haciendo unos trabajos de plomería allí para entrevistarlo, brevemente, sobre algunos aspectos de su vida que pueden resultar interesantes para quienes lean esta historia familiar.
Alberto Antonio Diaz nació el 6 de febrero de 1952 en Aguilares, Tucumán. Fue el único de los hnos Diaz tucumanos que vivió, desde que nació, en la casa de la calle Congreso. Ello se debió a que fue el último de los hijos de Pedro Díaz y de Juana Torino, nacido después de que la flia se asentara definitivamente en las cercanías del Ingenio de Aguilares.
Tito concurrió a la misma escuela primaria a la que fueron la gran mayoría de sus hnos, situada a no muchas cuadras de su casa, en el barrio de La Chacarita.
Hasta sus 8 o 9 años de edad su mayor compinche en juegos y travesuras fue su hno Cacho. Esto es más que comprensible si se tiene en cuenta que era el hno que menos diferencia de edad le llevaba: 4 años; mientras que con Pocho ya había 8 años de distancia y 10 años con Chicho.
Creo que Cacho alguna vez mencionó que en cierta etapa de su niñez tuvo un leve trauma porqué no sabía (y si lo sabía no podía hacer mucho para impedirlo) quien le revisaba o "robaba" las pertenencias que el había depositado en un hueco que hizo en el tronco de un gran banano. No era otro más que su hno Tito. El mísmo hueco en el tronco fue citado por Tito cuando comentó que recordaba venir subido, con amigos, y hasta quizás con Cacho, a distintos carros que traían productos desde los campos a la ciudad. Y ya desde varias cuadras antes de su casa veía que su mamá lo esperaba en la entrada con una vara en la mano. Seguramente la travesura en algún momento sería castigada, pero una de las estrategias defensivo-escapatoria implementada por Tito era refugiarse en el tronco del árbol hasta que se le pasase un poco el enojo a la madre.
Cuando a fines del 61 Cacho viajó a Buenos Aires, Tito debió de haber profundizado sus amistades con los "changos" del barrio e incluso con sus sobrinos, Tommy y Graciela, hijos de su hna Lidia.
En 1965 comenzaría su etapa de estudiante secundario en la Escuela de Comercio de Aguilares. Recuerda Tito que había sido un alumno destacado en la escuela primaria, recibiendo incluso algún regalo por parte de una maestra. No es que en la secundaria esto haya cambiado drásticamente, pero en el tercer año del secundario su permanencia en el establecimiento escolar se vio seriamente comprometida por las inasistencias a las clases.
No nos ha quedado bien en claro aún porqué faltaba tanto a clases. ¿Fue una etapa de rebeldía, de protesta o su manera de llamar la atención sobre determinada situación? ¿Vivía aún Juana Torino, su madre, en Aguilares o, por el contrario, ya residía en Solano, en casa de alguno de los hnos de Tito? Lo concreto es que las máximas autoridades del colegio le habían dicho que no iban a computar el total de faltas que tenía, en parte por tener en consideración que su hna, Lidia Diaz de Pastorino, trabajaba en el Colegio y era alguien muy apreciada por todos. Igualmente la oferta que le proponían tenía como contrapartida que no faltase más en lo que restaba del año y, (esto debo volver a indagarlo) rindiese los exámenes que tenía pendiente antes de fin de año. No estoy seguro si Tito cumplió con su parte del trato(creo que no).
Toda esa situación escolar (¿afectiva?) derivó en que para el año 68 se encontrase viviendo en San Francisco Solano y haciendo el 4to año de su educación secundaria en la Escuela de Educación Media Nº 2 Don Luis Piedrabuena. Egresaría de ella al año siguiente con el título de Perito Mercantil.
Por esos años el colegio recién estrenaba su edificio actual. Sin embargo, en algún período, entre el 68 y parte del 69, parte de su alumnado todavía asistía a las aulas(algunas de ellas de madera) que estaban en la cuadra del frente, donde actualmente se halla la Escuela Nº32.
Una singular anécdota de esa situación es que los hacían cruzar la Av. 844 para ir a determinadas clases en algunas aulas nuevas. Y se daba el caso de que el colegio no tenía máquinas de escribir, así que practicaban mecanografía marcando fuerte los dedos sobre un cartón donde tenían dibujado la ubicación de las teclas.
El colegio tampoco tenía el actual muro que lo rodea y es hasta probable que aún no tuviese el tejido que lo caracterizó un tiempo. Recuerda Tito al respecto que un compañero suyo, en el turno vespertino, aprovechaba esta situación para salir del colegio. Pero el destino de la "rateada" no era muy lejos ni la ausencia era prolongada: se escapaba hasta la casa para tomar la infaltable sopa de la cena y volvía al colegio. Hoy en día el protagonista de esta anécdota es dueño de una reconocida inmobiliaria sobre la 844, a pocas cuadras del colegio.
Otro de los compañeros de Tito Díaz resultó ser José Figueroa, quien sería conocido años más tarde como "El Maestro Cantor". Increíblemente habría una conexión...(continúa)
...entre este personaje y mi propia experiencia de vida en el Piedrabuena. Fue en el primer año, cuando por prestarle atención inocentemente a otro compañero, que no sé que me pedía, mi preceptor, José Figueroa, el "maestro cantor", me llamó la atención en clase por considerar que yo estaba hablando mientras él dictaba. No contento con esto hizo citar a la escuela a Pocho Diaz, mi viejo. Jamás se habrá imaginado José Figueroa que ese padre de apellido Díaz era hno del Díaz que había su compañero en sus tiempos de alumno en el Piedrabuena.
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