Éste blog nace a partir de una iniciativa familiar surgida en Facebook. Allí existe el grupo "Descendientes". No es nuestra intención provocar nostalgia por tiempos pasados o tristeza al recordar seres queridos que ya no estan. Tampoco se trata de vivir del pasado como pueden suponer algunos. Se trata de una auténtica y sincera necesidad que ha nacido en nosotros, los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz, de saber quiénes fueron nuestros abuelos, nuestros padres, saber, en definitiva, quiénes somos, de dónde venimos. Y esa necesidad, esa inquietud, se proyecta, inevitablemente, hacia el futuro, a las generaciones de nuestros hijos y nietos, ya que también ellos, algún día, querrán saber algo más de sus raíces. Para ellos y para nosotros escribimos ésta historia familiar.

jueves, 26 de abril de 2012

CHARLA CON LIDIA (24 de Abril de 2012)

Desde el día que aconteció la muerte de mi papá, Pocho Diaz, y se hiciera más fuerte en mi la necesidad de indagar la historia de la familia, he procurado entrevistarme con todos los hnos Díaz tucumanos, de forma aislada y con la mayor tranquilidad posible, aunque esta última condición no siempre ha sido posible de lograr.

La entrevista con Lidia resultaba ser particularmente difícil de lograr por la distancia que separa las localidades de Aguilares, en Tucumán , y San Francisco Solano, en Bs.as. Lidia había regresado un tiempo después de la muerte de mi viejo, el año pasado. Pero otro de los inconvenientes a la hora de las entrevistas a los descendientes es, la limitación de tiempo libre que dispongo. Esa fue la principal causa que me impidió siquiera verla la última vez que vino a Bs. As.

En esta nueva oportunidad que se me presentaba no quería seguir prolongando mis lamentos. Conseguí gracias a mi prima Graciela el número de celular de Lidia, su mamá, y convenimos vernos en la casa de mis viejos. Me acompañaron mis 3 hijas. No obstante ello pudimos conversar algo más de dos horas. Lo que sigue a continuación es mi intento de dejar por escrito los principales recuerdos que tengo de esa charla con Lidia.

Lo primero que me dijo es que al escribir la respuesta a la carta que le enviara, preguntándole por su historia personal y familiar, inició un proceso mental por tratar de recordar su infancia y lo que no había vivido personalmente sino escuchado a través del testimonio de sus mayores. Contó entonces que su papá, Pedro Díaz, había nacido en Catamarca. En algún momento de la infancia o adolescencia dejó de ser criado por su madre, Genoveva Diaz, y pasó a vivir con la familia Andrada. No está del todo claro pero al parecer esa familia se mudó a Santa Ana, Tucumán, en los años veinte. Pero parece ser que ya no vivió con ellos. Lidia recuerda dos apellidos de familias que tuvieron vinculación con el Abuelo Pedro: López y Caliba. De su estadía con los Lopez resultó que algunos lo conocieran como "lopecito".

En un pueblo de las cercanías, La Tipa, conoció a Juana Torino. Corría el año 27 cuando Juana quedó embarazada. Tenía 18 años. Pedro un año más que ella. Dice Lidia que Pedro no quería saber nada con ir al servicio militar obligatorio, el cuál, por aquel entonces, debía realizarse a los 20 años de edad. Entonces buscó poner como excusa(lo que ciertamente no lo era sino la pura verdad) que esperaba un hijo. Sería interesante investigar y descubrir si sólo recurrió a esa "excusa" o si, en su anhelo de no ser llevado a la conscripción, llegó a casarse con Juana. Lo cierto es que debió cumplir con los militares de todos modos. Lo hizo en la Marina. No recuerda Lidia en que lugar geográfico fue exactamente pero si recordó que cuando Pedro volvía a Tucumán, por sus licencias, Juana le hacía bromas que tenía tonada o "aires" aporteñados.

Los años treinta debieron ser particularmente duros para la joven pareja y sus primeros hijos. Hay que contextualizar la época que vivieron. La gran depresión económica iniciada en Estados Unidos rapidamente pasó a ser una de las mayores crisis mundiales del capitalismo. No abundaba el trabajo y muchas veces esa coyuntura era aprovechada por los patrones para crear rigurosos sistemas productivos donde los trabajadores pasaban a ser mano de obra esclava. Hay que tener en cuenta que todavía no existía realmente una legislación protectora de los derechos de los trabajadores. Si tenemos presente todo esto podremos aproximarnos a comprender la vida que llevaban Pedro y Juana.

Varias veces Lidia resaltó que vivían mudándose de pueblo en pueblo y que muchas veces su papá se ausentaba por tiempos prolongados. Pedro era un trabajador "golondrina" (y ahora se me da por pensar si el nombre artístico que identifica a Lidia no tendrá alguna vinculación con esa condición viajera del pasado de su papá). Aunque así como algunos pájaros son enjaulados, Pedro también llegó a estar prácticamente preso de sus patrones. Esto es algo que ya conté en el blog pero en base a testimonios de Mirta Pastorino. El relato es básicamente el mismo sólo que Lidia lo ubica en una finca de San Juan y Mirta lo hacía en el Chaco. Ambas también coinciden en que Pedro conoció algun grupo aborígen trabajando en ese lugar y que de algun modo pudo escapar de ese sistema de cuasi esclavitud.

Los permanentes viajes de Pedro para obtener trabajo le hicieron conocer muchos sitios del Norte argentino. Alguna vez parece ser que estuvo trabajando en unas canteras de cal en Córdoba que le terminaron provocando serias quemaduras en los pies y/o piernas. Estuvo internado un tiempo pero su flia recién se enteró cuando regresó. Ese hecho pareció concientizar a Pedro que era necesario encontrar un trabajo que le permitiera a él y su familia llevar una vida más estable y "normal". Ya no eran sólo tres. Salvador fue el primer hijo, nacido a fines de febrero del 28. En 1930 había nacido Lidia Antonia y dos años después Miguel Rosa. 1934 sería un año realmente trágico para Juana y Pedro. CONTINÚA