Éste blog nace a partir de una iniciativa familiar surgida en Facebook. Allí existe el grupo "Descendientes". No es nuestra intención provocar nostalgia por tiempos pasados o tristeza al recordar seres queridos que ya no estan. Tampoco se trata de vivir del pasado como pueden suponer algunos. Se trata de una auténtica y sincera necesidad que ha nacido en nosotros, los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz, de saber quiénes fueron nuestros abuelos, nuestros padres, saber, en definitiva, quiénes somos, de dónde venimos. Y esa necesidad, esa inquietud, se proyecta, inevitablemente, hacia el futuro, a las generaciones de nuestros hijos y nietos, ya que también ellos, algún día, querrán saber algo más de sus raíces. Para ellos y para nosotros escribimos ésta historia familiar.

jueves, 29 de diciembre de 2011

CARLOS EDUARDO DÍAZ

Primer hijo de Juan Carlos "Pocho" Diaz y Bernarda Martinez. Nací el 5 de noviembre de 1971 en el Hospital Fernández de la Capital Federal. Mis padrinos de bautismo fueron Mario "Chicho" Diaz y Carmen Amarilla.

El 25 de febrero de 1974 me instalo con mis padres y mi hno Rubén Leonardo (que aún no cumplía el año de vida) en la vivienda que me cobijaría por casi 30 años, ubicada en la calle 854 nº 2128, entre 893 y 892, en San Francisco Solano, partido de Quilmes, pcia de Bs As.

Antes de cumplir 6 años de vida ya cuento con dos hnos más: Jorge Alejandro, nacido el 27 de julio del 75 y Javier Martin, nacido el mismo día que Ruben: el 3 de mayo, pero del 77.

Luego de un fugaz paso por la escuela 53 de Solano, en el turno tarde, inicio la escolaridad primaria en el turno mañana de la escuela 32 de Solano.

Siempre enamoradizo de mis primeras maestras, en 1981 comenzaría a prestarle atención a las niñas de mi edad. En particular recuerdo a una Silvia K que concurría también a 4to grado pero por la tarde.
Cuando se hacían los actos escolares, reuniendo a ambos turnos, era un momento propicio para admirar la belleza de aquella niña pelirroja de apellido complicado. Lo que sin duda permitió que mis sentimiento sobrevivieran ese año fue que Silvia K vivía a una cuadra de mi casa y la veía pasar con bastante frecuencia. Para 1982 los planetas parecieron alinearse, ya que mi vecina se cambió de turno y terminó siendo mi compañera por el resto de la primaria.

Sin embargo, lo que sentía por esa niña en aquellos años no podría decirse que era amor sino más bien algún tipo de aprecio/atracción que solía experimentar altibajos, no solo por ella sino también por varias de mis compañeras de aula. Es así entonces que, durante el 82, el 83, e incluso el 84, creo sentir aprecio/atracción por Karina P, Susana L, Karina V, Mabel M, y quizás alguna más que ahora escapa a mi memoria.
Quizás siempre se trató de experimentar la prueba y error para ir tanteando el terreno. Aunque, finalmente volví a prestarle atención a la primera persona que me había sacudido las estructuras hormonales, allá por el lejano 1981. Solo que ahora Silvia K había crecido fisicamente e intelectualmente, evidenciando una vez más una regla de la naturaleza humana: que las mujeres se desarrollan mucho antes que los varones.
Lo concreto es que terminaba el viaje de egresados a San Antonio de Areco y en el colectivo se estaban armando y desarmando parejitas de enamorados, con toda la ansiedad, los nervios y los miedos que implican esas instancias.
En estas situaciones también suelen aparecer los mejores amigos que logran sacarte el dato de quien es la chica que te gusta. Fue así que Silvia K se enteró, por intermedio de Adrian L,  mi mejor amigo, que alguien quería hablar con ella para decirle algo muy importante.

Las cartas estaban echadas y ya no había margen para retroceder, por lo cuál me tiré a la pileta de cabeza, solo que el destino se había ocupado de sacarle el tapón. Así de duro puede ser el rechazo de un amor no correspondido. Esta experiencia marcó profundamente
mis años adolescentes y juveniles:
Yo sabía que no era atractivo y que mi forma de ser me jugaría en contra. En mi defensa hay que decir que había nacido con un lunar en el cuello, que por tamaño y aspecto, condicionó enormemente la manera de vincularme con los demás.

Sería recién a mediados de octubre de 1999, luego de una operación que permitió deshacerme de tan pesada carga, que pude encarar la existencia de una manera más decidida y optimista. No sería casual que a los pocos meses de aquella operación comenzara a edificar la relación personal con mi futura compañera de vida y madre de mis hijas

Ese tiempo de educación primaria en la Escuela 32 de Solano transcurrió entre 1978 y 1984; es decir que la mayor parte de ese periodo fue durante la ultima dictadura militar argentina, desarrollándose su final en la recientemente recuperada democracia alfonsinista. Coincidentemente, en ese periodo y sus diferentes peculiaridades, se producira una gran transformaciön edilicia, dejando atras la escuela 32 su original disposición aulica para dar paso a un monumental edificio.
Es por esta razón que los dos últimos años de escuela primaria tuve que concurrir a la escuela de al lado, la número 53, la primera pública de Solano, ubicada en la esquina de la Av 844 y la calle 894.
Ahora que lo pienso fue cómo el cierre de un ciclo, la primaria, que se había iniciado justamente en esa misma escuela 53.
Ciertamente no era una escuela muy grande por lo que hubo que adaptarse a la falta de espacio, de comodidad y a la convivencia con su alumnado. Ello derivó en la instalación de aulas metálicas y, sobre todo, en la necesidad de dividir la asistencia a clases en tres turnos de 3 hs cada uno.

Expresé antes que era muy enamoradizo de mis maestras. Ello se dió, especialmente, de primero a cuarto grado, quizás por esa peculiar visión de los más pequeños dónde quedan embelezados por el encanto de las maestras, más aún si son -tal cuál me pasó a mi- jovenes, bonitas y dulces. Las maestras que me tocaron en los tres últimos años eran más maduras y si bien sus encantos ya no pasaban tanto por los parámetros que destacaron a las anteriores, fueron muy buenas conmigo y admiré su vocación de enseñanza.

lunes, 26 de diciembre de 2011

MARCELO LUIS ANTONIO DIAZ

Hijo de Cacho Diaz y Carmen Amarilla, nació el 9 de enero de 1969. Nos contó que el primer recuerdo que tiene de su infancia es "llegando a la casa que era de mi abuela Francisca, enfrente de la casa de Chicho (en la calle El Pato, entre El Mirlo y el Tordo.), un fin de año o navidad, que me presentaron a parte de la flia que yo no conocía".

Culminó sus estudios primarios en la Escuela 51, de Solano, Quilmes, en 1981. Cuando se le preguntó sobre sus primeras experiencias en el amor en su preadolescencia contestó: "como me gustaban casi todas mis compañeras y ninguna me daba bola, creo que eso de la desilución ya era costumbre, jaja!"

Con respecto a la relación con sus hnos en la niñez-preadolescencia Mara respondió: "Sergio en la infancia era mi otra mitad, decí que me pude separar a tiempo. En cambio con las chancles ya era el hermano mayor por la diferencia de edad".
Sobre la rebeldía en sus primeros años adolescentes dirá: "Supongo que como todo adolescente, a eso de los 13 o 14 años ya tendría algunas reacciones, pero la verdad es que nunca sentí la necesidad de mostrarme como rebelde. Por ahí mi mayor rebelión pasó por la música, porque por donde yo vivía, tendría que haber sido un cumbiero o un wachiturro, porque lo único que se escuchaba por ahí, en cualquier joda, reunión, o lo que sea, era cumbia. Y yo no me identificaba, ni me movía nada, y hasta no la toleraba. Ahora entiendo que era cuestión de gustos. Pero en ese entonces directamente me levantaba y me iba, no me cabía ni un poco. Y me encerraba a escuchar el Rock que tanto me gusta".

Como no podía ser de otra manera, también hablamos de música con Marcelo: "Con la pasión por la música se nace. Si te puedo decir que entre los estímulos más importantes, recuerdo de muy chico escuchar a mis viejos con un Wincofón. Y Cacho cantando temas de Serrat, Palito Ortega, Sandro, Nicola di Bari, y también mucho folclore, temas que los hacía en solo 2 notas, pero con una actitud envidiable. Después, en Tucumán, la escuchaba estudiar inglés a Mirtha con los discos de Los Beatles, y listo, eso directamente me marcó a fuego. Más tarde apareció Ricardo con algunos discos de Queen y sus anécdotas de cuando los vio en el 81 en Velez. Después el tio Tito me prestó Back in Black, de AC/DC. Y todo el rock nacional ochentoso que escuchábamos con Carlitos(Vallejo) y Sergio(Diaz), y tantas otras cosas que creo que puedo decir que a partir de ahí la música fue una especie de Religión que solo me dio felicidades."
Al preguntarle por su participación en bandas rockeras, Mara nos respondió: "Sólo participé en un par de bandas. Con un compañero del colegio Piedrabuena, Cono Tejeda, armamos LA DAMA, que luego pasó a llamarse SEÑAL ROJA. Eso fue del 87 al 92. Cuando nació Flor, pensé que podía dejar la música. Pero un par de años más tarde, en el 96, en casa de un amigo, Omar Rojas, conocí a Martin, buscamos a Dany y armamos Silver. Tocamos mucho y grabamos mucho, hasta 2002, creo. Después participé en Los Automáticos, banda de mi amigo Gustavo Armand, un par de años. Luego quize armar algo sin éxito, hasta que en 2007 Martin arma con Ema y Mariano, Harrisongs, y me invitan a unirme. Al año de eso vuelve Daniel de España, y lo obligamos a cantar en el grupo, y así seguimos hasta que Dios lo disponga. Obviamente estuve de invitado muchas veces, como cuando toque para nuestro primo Hernan "Capocha" Diaz, haciendo temas de Pappo, con Sergio Diaz, mi hno, como cantante. Fue tan malo que Hernán nunca más nos llamó, jaja!"

Marcelo también nos contó de su paso por el PiedraBuena de Solano : "En el Piedrabuena estuve desde 1982 hasta 1988, es que repetí en segundo año y abandoné el 3er año por laburo. La verdad es que muchas veces pienso que no logro recordar muchas cosas de esa época porque realmente la pasé tan, pero tan bien, que luego me costó muchisimo desprenderme de todo eso, que es como que hice una negación".
En efecto, ha sido tal la importancia de la Escuela secundaria Don Luis Piedrabuena en su vida que Mara nos cuenta con algo más de detalles su paso por dicha Institución educativa:

"Pasé siete años en el Piedrabuena, casi todos muy buenos. Empecé en el 82, creo que en el turno tarde. Me fue bien. Me hice algunos compinches, y también un par de peleas, una de ellas con un muchacho con el que hoy somos amigos. Se llama Marcelo Villarreal y fue sonidista en la época de Señal Roja".
"En segundo año me descontrolé y lo pagué caro porque me llevé tres materias, una de las cuales era Geografía con la Dubowitz. Yo creía que me odiaba y por eso repetí. Fue un golpe medio duro para mí porque no era tan mal alumno como para repetir, pero me confié de más"
"Al año siguiente (1984) hice segundo año nuevamente pero me pasé a la noche y ahí me encontré con mi hno Sergio. Ese curso era un desastre. Creo que el único que pasó de año fuí yo; el resto repitió, incluido Sergio. ¡Demasiada joda!"
"Seguí tercero y me topé con un grupo de compañeros que era bastante cerrado. No me llevaba bien con ellos. Igual yo había empezado a trabajar en el Diario Popular y medio que faltaba seguido, hasta que terminé abandonando el año".
"Al otro año (1986) volví a cursar tercer año, pero con todas las ganas y caí en una división donde todos estudiaban. Ahí conocí a varias chicas y chicos. Recuerdo a
un pibe que le decían Oli, que falleció hace unos años, porque durante el mundial del 86 nos juntábamos en su casa para ver los goles de Maradona. También de otro que le decíamos el Polaco, y había otro, medio amanerado, al
que siempre jodíamos y años después lo vi disfrazado de Locomía en Reflex junto a un grupo de amigos que salieron del Placard. La pasé bien ese año".
"Cuarto año también fue un grupo espectacular. Allí me encontré con mis amigos Hugo Tejeda y Pablo Pavone, y también iban otros como Arturo, Mónica Piane, Ricardo Yriel y otro muchacho, que tenía un jeep y se llama Richard, creo y otros de los que no recuerdo el nombre, pero que la pasábamos superbien. Dentro de lo desastrozo que fuimos igualmente pudimos organizar como tres o cuatro fiestas en Splay y otra en el Club de Leones para juntar guita para irnos de egresados".
"El quinto año (1988) fue terrible. Un descontrol total. Era entrar a clases y no parar de reir hasta que te ibas. Inclusive algunas veces solía volver a mi casa a las dos o tres de la mañana porque siempre la seguíamos en algún otro lugar. En esa época parábamos en American pool, o en otro que se llamaba el Rancho de Omar en la 844, también en "Un lugar diferente", que después fue La Base y, obviamente, en Reflex, dónde había pool e incluso un minicine. Sino íbamos a Goyo a jugar al ping pong o también podías terminar en el Rio de Quilmes jugando a las escondidas con las compañeritas"
"Realmente, en esa época pensaba que muchos de nosotros no pasaríamos la barrera de los 30. Por suerte me equivoqué. Ese año me llevé cinco materias. Pasé a duras penas y egresé con el título de Bachiller Pedagógico."
"En su momento, todo ese último año lo disfruté a pleno, quizás demasiado y luego por un largo tiempo extrañe mucho todo lo que fue el Piedrabuena para mí.
Recuerdo que hasta una década después que había terminado, tenía sueños en los que me encontraba jorobando con mis amigos, estando con alguna piba, o pensando que tenía que apurarme para no llegar tarde o estudiar cierta materia. ¡Algo muy LOCO!"

Con respecto a su ingreso en la Municipalidad de Avellaneda, Mara nos dice: " En la Muni, empecé el 2 de enero del año 87, con apenas 17 añitos, era cadete del Intendente Sagol. Casi vivía ahí, porque hacía muchas horas extras. O sea que por Gil, por no estudiar y querer trabajar de pibe, voy a regalar muchos años de descuentos jubilatorios. Igual, supe disfrutarlo". (continua)