Hijo de Mercedes Diaz y Bernardino Vallejo, nace en el año 1964.
Por un tiempo, quizá breve, recuerda Ricardo que concurre a la Escuela N¤ 32 de San Fco Solano durante un turno intermedio. Sin embargo, la mayor parte de la escuela primaria la realizó en el turno tarde de la escuela ya mencionada.
Quizá esto constituya una de las primeras curiosidades que podremos apreciar en la vida de Ricardo; curiosidades que lo iran distinguiendo como persona. ¿A qué me estoy refiriendo? Al hecho de haber concurrido a una escuela ubicada en el centro cívico de Solano cuando existian otras instituciones educativas más próximas a la casa de sus padres.
Sin duda en la elección de la Escuela 32 tuvo mucho que ver el hecho de que Ricardo pasaba gran parte del día -probablemente días enteros- en la casa de la calle 892, a unas cuadras de la 844, dónde vivían su abuela Juana y varios de los tíos de Ricardo, en especial Luis y Salvador.
Cabe preguntarse entonces porqué Ricardo vivía más con su abuela y sus tíos, lo que constituye de por sí una particularidad en estrecha vinculación con la ya mencionada anteriormente. Una posible respuesta, realista, que contempla la situación socioeconómica de su flia, diría que ya en los primeros años que él asiste a la primaria su mamá, Mecha, debe criar a varios hijos muy pequeños, nacidos entre el 68 y el 75.
Pero también es posible pensar que, sin dejar de lado la situación que se vive en su casa, Ricardo se siente realmente a gusto con los mayores, porque se aprecia en él una mentalidad despierta, distinta y un espíritu generoso, elevado. Hay en él algo especial que lo distingue. Quizás eso hace que Salvador le tome tanto aprecio y se convierta casi en un tutor de su sobrino.
En el año 1977 ingresa a la Escuela de Educación Media N¤ 2 Luis Piedrabuena, situada también en el centro cívico de Solano, enfrente a la escuela 32. Cursa aquel primer año en el turno tarde, seguramente como una especie de continuación del horario que tenía en la primaria, quizá como una manera de no sentir tan bruscamente el cambio inevitable entre la primaria y la secundaria.
Sin embargo, en los dos años siguientes concurrirá a clases en el turno mañana, recordando como situaciones anécdoticas cuando veían o escuchaban en la escuela los partidos del Mundial de Fútbol del 78, como así también veían por la madrugada los partidos que la selección juvenil de fútbol jugó en Japón en el 79, para luego tener que asistir a clases prácticamente dormidos, pero muy felices.
Ese año 1979 sería muy importante en su vida, ya que se concretó la posibilidad de su primer trabajo, cuando apenas si tenía 15 años de edad.
Sucedió que Ricardo tenía la posibilidad de hacer muchos de sus trabajos escolares con una máquina de escribir que había en su casa, por lo que llegó a desarrollar la capacidad de escribir llamativamente veloz.
Un día, estando Cacho Diaz, su tío, en lo de Ricardo, pudo apreciar su destreza con la máquina de escribir y le dijo porque no iba a la Municipalidad de Avellaneda y realizaba una prueba para ingresar a trabajar de empleado municipal.
Fue así entonces que se presentó a dicha prueba, diciendo, cuando se lo preguntaron, que nadie lo recomendaba para el trabajo.
Su capacidad para realizar diversas tareas administrativas enseguida fue advertida y lo ubicaron casi de inmediato en alguna oficina: había obtenido su primer trabajo.
Para poder trabajar sin inconvenientes tuvo que presentar una autorización de sus padres que lo habilitaba a trabajar pese a ser menor de edad. Si mal no recuerdo el relato de Ricardo, también quedó establecido que, por su condición de menor, sus remuneraciones serían depositadas en una caja de ahorro a nombre de su padre. ¿O eso fue en su próximo empleo?
Pero no sólo en los trabajos le pedían autorizaciones y documentación. También en el Piedrabuena le pidieron una constancia que acreditase su actividad laboral, para poder concurrir a clases en el turno vespertino.
Asi fue que en los años 1980 y 1981 asistió al Piedrabuena por las noches, lo cuál casi equivalía a ingresar a otro mundo, dónde la mayoría también tenía su laburito aunque también estaban los que habían repetido varias veces y los más "vagos", que suponían que en el turno noche la exigencia académica no sería tan elevada.
En 1981 un compañero de estudio, o del trabajo, le informó a Ricardo que en Coca Cola estaban incorporando personal. Se presentó a las pruebas de rigor y sin inconvenientes entró a trabajar en las oficinas porteñas de la famosa y multinacional empresa de gaseosas.
1982, año del conflicto bélico entre Argentina e Inglaterra por la disputa de la soberanía sobre las islas Malvinas, será un tiempo de creciente actividad, tanto laboral como educativa.
A la continuidad de su trabajo en Coca Cola se le suma su ingreso a la Universidad de Buenos Aires, donde sus intereses intelectuales lo orientaran hacia los estudios económicos.
1983 representará una bisagra importante en la vida de Ricardo.
Es incorporado a las Fuerzas Militares Argentinas para cumplir con el servicio de conscripción que la gran mayoría de los jóvenes de su edad deben realizar de manera obligatoria.
Cuando dejó su trabajo por estas circunstancias se le dijo que le conservarían las actividades específicas que él realizaba.
Sin embargo, en 1984, cuando salió del Servicio Militar Obligatorio, al reincorporarse al trabajo se encontró con que la estabilidad prometida era pura farsa: lo tenían de aquí para allá y sólo hallaba evasivas cuando requería que le ofrecieran una cierta estabilidad.
Probablemente esta situación no se haya extendido demasiado en el tiempo: finalmente Ricardo renunció
Pero el año 1984 no sólo será conflictivo en el ámbito laboral.
Ricardo busca retomar sus estudios, pero se encuentra con una situación que en parte lo confunde y en parte le irrita.
Se está produciendo en toda su efervescencia la llamada primavera democrática que duraría los primeros años del gobierno de Raúl Alfonsín.
Las aulas y pasillos de las facultades públicas, en especial las de la UBA, explotan en banderas y manifestaciones de una militancia estudiantil, censurada por muchos años por la represión militar.
Sin embargo, este entusiasmo juvenil por los nuevos aires democráticos que recorren la Universidad, representaran un serio obstáculo para aquellos estudiantes que prefieren concentrarse en los estudios y no en la política.
Es posible que Ricardo haya pensado, que aquella situación en la que los profesores no podían dar clases por las interrupciones de la militancia estudiantil, se entendía por una mutación de las expresiones de libertad en otras más cercanas al libertinaje o la propia anarquía.
Si a esto le añadimos la impresión que se iba formando en Ricardo, cuando al volver por las noches a su casa, luego de complicadas horas en la Facultad, se encontraba en las esquinas con una "vagancia" que hasta hace no mucho tiempo antes no se veía, se comprende sus dudas sobre los reales beneficios
de la Democracia en aquel 1984 en que él fue un veinteañero con todas las ganas de aprender, viajar y llevarse el mundo por delante.