Éste blog nace a partir de una iniciativa familiar surgida en Facebook. Allí existe el grupo "Descendientes". No es nuestra intención provocar nostalgia por tiempos pasados o tristeza al recordar seres queridos que ya no estan. Tampoco se trata de vivir del pasado como pueden suponer algunos. Se trata de una auténtica y sincera necesidad que ha nacido en nosotros, los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz, de saber quiénes fueron nuestros abuelos, nuestros padres, saber, en definitiva, quiénes somos, de dónde venimos. Y esa necesidad, esa inquietud, se proyecta, inevitablemente, hacia el futuro, a las generaciones de nuestros hijos y nietos, ya que también ellos, algún día, querrán saber algo más de sus raíces. Para ellos y para nosotros escribimos ésta historia familiar.

sábado, 5 de marzo de 2011

CONVERSANDO CON CACHO Y CARMEN (4/3/11)

La historia familiar que pretendemos escribir se basa, fundamentalmente, en los testimonios de los protagonistas directos de esta historia. Cuando comenzamos a escribir éste blog teníamos en claro que era y es imprescindible sentarse a conversar con los descendientes de Juana Torino y Pedro Díaz. Esa conversación debía procurar siempre profundizar en los recuerdos para así rescatar información valiosa de la historia familiar y personal. Lamentablemente no pudimos sentarnos a conversar con Pocho Diaz, mucho menos aún con Salvador Díaz. ¡Cuánta información nos hubiesen dado! Pero la muerte se llevó los recuerdos que son la materia prima de nuestra historia familiar. Habría que aprovechar cada oportunidad que se presentase para sentarse a escuchar lo que nuestros padres tienen para decirnos. / La Historia rescatada por medio de conversaciones y entrevistas se conoce como Historia oral. Quienes se dedican a ella emplean diversas tecnologías para grabar los relatos narrados. Nosotros en este caso no contamos con esas posibilidades. Es decir que lo escrito aqui son los recuerdos aún tibios de lo recuerdos profundos que nos contaron, en una sincera, y por momentos emotiva charla, Cacho Diaz y su esposa Carmen. / Toda la información resulta más que interesante para intentar ir reconstruyendo lentamente la historia personal de Cacho y cómo esa historia se va insertando en toda la historia familiar. Por ejemplo reconoció que de chico era bastante travieso, lo que generaba que su mamá, Juana Torino, tuviese que castigarlo con frecuencia. Recuerda al respecto que uno de esos castigos consistía en hacerlo arrodillar sobre el maíz. Ello lo llevó a contarnos que él había elaborado una idea de su papá, Pedro Díaz, que distaba mucho de ser la real. Él, por ejemplo, no tenía un recuerdo de su papá castigándolo o retándolo.

5 comentarios:

  1. Su papá, en la construcción idealizada que había elaborado de él, era un ídolo, un compinche de sus travesuras que nunca le había castigado, mientras su mamá resultaba siempre la ejecutora de la tarea de reprenderlo. Al ser más adulto comenzó a cuestionarse esta imagen familiar que él tenía y por medio de terapia y de indagaciones y de charlas con sus hnos y hnas fue "abriendo puertas" que le permitieron entender esa etapa de su pasado desde otro punto de vista: en realidad no era que su papá fuese tan bueno y su mamá tan mala, sino que su mamá tuvo que asumir un rol que su papá no iba a poder realizar ya que pasaba muy poco tiempo con la familia, viajando permanentemente como todo trabajador golondrina que vuela hacia donde hay trabajo. Un recuerdo que tiene Cacho bien presente es cuando una vez le insistió tanto a su papá para que comprase un número de la rifa que organizaba su escuela. El premio consistía en una radio y la terminaron ganando al salir sorteado el número que habían comprado.

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  2. La radio era en esos años cincuenta tan trascendental como lo puede ser ahora internet. No todo el mundo tenía una en sus hogares. Cacho y Carmen tienen el recuerdo de la importancia que tenían para muchísima gente los radioteatros. Al respecto Cacho comentaba que varias vecinas, que durante el día podían llegar a tratarse de manera agresiva, llegada la hora de los radioteatros hacían una tregua para sentarse junto a la radio y dejar suelta su imaginación con los relatos que alli se narraban.

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  3. Y es que en verdad la radio ejercía en aquellos años una descomunal influencia en la imaginación de los oyentes. Puede decirse que desde sus parlantes emanaba pura magia. En ocasiones esa magia se hacía trizas y los oyentes recibían tremendas decepciones como cuando la madre de Cacho lo llevó a él y a alguno más de sus hnos a la biblioteca de Aguilares para presenciar en vivo a los relatores y artistas que hacían los radioteatros que tanto los emocionaban y maravillaban. Enorme fue la decepción cuando advirtieron que esas personas estaban muy lejos de ser las que ellos se habían imaginado. La magia se había esfumado...

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  4. Si de imaginación se trata, Cacho nombró una anécdota que su hna Lidia siempre comenta, en la cuál él, siendo chico aún, había construido una especie de caja con unos cartones. Jugaba dentro de ella, haciendo representaciones típicas de lo que puede ser un programa de tv, siendo lo curioso que ellos, en su infancia, estaban muy lejos de saber que era un televisor. Por eso es que Lidia dice que ese juego de Cacho fue como una premonición de algo que no conocía. / Cacho llegó a vivir un tiempo con Lidia cuando ella se casó con Miguel Pastorino y tuvieron su propia casa muy cerca de donde vivían sus padres y hnos. Entonces vino a ser como un hermano mayor de los hijos de Lidia y Miguel. / Siempre tuvo una excelente relación con su cuñado y en el año 76, cuando Cacho estuvo viviendo con su flia en Aguilares, Miguel intercedió para conseguir un trabajo de sereno para una empresa que construía dentro del Ingenio de Aguilares. Durante ese tiempo que vivieron en Tucumán habitaban en un cuarto que se había instalado en el fondo del terreno de Miguel y Lidia. También Miguel trataba de retenerlo en Aguilares diciéndole que lo haría entrar a jugar al fútbol a uno de los equipos locales: al Jorge Newbery.

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  5. Continuando con los recuerdos que pudimos rescatar de la memoria de Cacho, resulta clave el dato sobre su llegada a Buenos Aires. Fué hacia fines de 1961. Su padre lo trajo como una especie de premio por haber terminado su escolaridad primaria. Por aquel entonces ya vivían en la localidad de San Francisco Solano sus hnos Salvador y Luis; quizá también Pocho y Chicho, aunque por esos años cumplían servicios voluntarios en el ejército y la marina. Lo curioso es que Cacho volvería recién a Aguilares a fines del 75, en aquel histórico viaje en ferrocarril que hiciera la gran mayoría de la familia Díaz-Vallejo, con motivo del casamiento de Tito y Yola. De ese primer retorno a su tierra natal Cacho afirmó que resultó ser una gran decepción ya que el tenía la expectativa de reencontrarse con los grandes amigos de su infancia. Sin embargo las realidades de esas personas no coincidieron con las ilusiones que Cacho se había creado.

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